Franco y el Valle de los Caídos

Franco y el Valle de los Caídos
Desde que el gobierno presidido por Pedro Sánchez anunciase su decisión de exhumar los restos mortales de Franco del Valle de los Caídos se ha abierto un cierto debate en España sobre la necesidad y la oportunidad de esa medida. Desde algunos medios de comunicación, más preocupados por el espectáculo informativo que por la información propiamente dicha, se está pretendiendo situar el debate en una simple confrontación entre dos grupos de militares, algo que, por nuestra parte, está muy lejos de ser lo pretendido.

El FMD (Foro Milicia y Democracia) es, de entrada, un foro, es decir, un lugar de debate. Aquí la exposición razonada y educada es bienvenida, por lo que no nos asusta la confrontación de ideas, siempre que se ajusten a lo que indican las otras dos palabras del título de nuestra organización. Milicia, o sea, todo lo relativo a lo militar, especialmente a los miembros de las Fuerzas Armadas y a sus condiciones de vida y actividad, pero, muy importante, no circunscrito a personas que pertenezcan a las FAS, por lo que no somos, nunca se ha pretendido así, un foro de militares. Aquí es bienvenido cualquier ciudadano que tenga interés en la milicia y, como vamos a profundizar ahora, en la democracia. Este foro es, en buena medida, defensor, divulgador y continuador de la labor de aquellos militares (ellos sí que lo eran) agrupados bajo las siglas UMD (Unión Militar Democrática) que en los últimos años del franquismo y primeros de la democracia, se jugaron (y algunos perdieron) sus carreras profesionales por luchar con la palabra contra la dictadura de Franco y a favor de la democracia. La democracia es, por tanto, faro que iluminó sus conductas y que guía nuestros debates y planteamientos.

Quienes hoy se oponen a la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos lo hacen con argumentos similares a los que se utilizaron en 2006 para tratar de impedir la retirada de la estatua ecuestre del general de la presidencia de la principal avenida de la Academia General Militar. Un general vino a verme para, textualmente así lo dijo, sacarme de mi error, ya que aquella figura se había erigido en honor al soldado, al militar, al director de ese centro de 1928 a 1931. Con documentos, que conservo, le demostré que el errado era él y quienes sostenían esa postura. La estatua se encargó para ensalzar la figura del caudillo de los españoles, o sea, en honor del gobernante, nunca del militar. Hoy se repite el argumento, afirmando que en el Valle de los Caídos está enterrado un militar. Saben bien quienes defienden esta idea que no es la verdad, ya que si quien allí está enterrado fuese un militar que hubiese combatido toda su vida a las órdenes de sus mandos y del gobierno legítimo de cada momento, no habría debate alguno.

Quien está enterrado en el Valle de los Caídos es Francisco Franco, que gobernó España casi cuarenta años. Y lo hizo con un régimen político que no voy a calificar, me voy a limitar a reproducir para definirlo artículos o parte de alguno de ellos, de las leyes fundamentales del régimen, que son suficientemente elocuentes. En el preámbulo de la ley de principios del movimiento nacional se dice: “Yo Francisco Franco Bahamonde, caudillo de España, consciente de mi responsabilidad ante Dios y ante la historia …”. El artículo 33 del Fuero de los Españoles: “El ejercicio de los derechos que se reconocen en este fuero no podrá atentar a la unidad espiritual, nacional y social de España”. En el artículo 6 de la ley orgánica del Estado se recoge: “El jefe del Estado es el representante supremo de la nación; personifica la soberanía nacional; ejerce el poder supremo político y administrativo …”. En el preámbulo de la ley constitutiva de Cortes podemos leer: “… Continuando en la Jefatura del Estado la suprema potestad de dictar normas jurídicas de carácter general …”. El artículo primero de la ley de sucesión en la Jefatura del Estado reza así: “España, como unidad política, es un Estado católico, social y representativo, que, de acuerdo con su tradición, se declara constituido en reino”. Y para que nadie tuviese duda alguna, desde el primero de los minutos quedó claro que “Al Jefe del Estado, que asumió todos los poderes por virtud del decreto de la Junta de Defensa Nacional de 29 de septiembre de 1936, …”, según se regula en el artículo 17 de la ley de 30 de enero de 1938 que organiza la Administración del Estado. Por todo esto, y el resto de las regulaciones de las leyes fundamentales del reino, cuando calificamos al régimen franquista como dictadura no lo hacemos con afán ofensivo ya que queda claro en sus leyes lo que era aquel régimen de concentración de poderes y ausencia de control alguno sobre quien lo ejercía.

Autocracia es lo contrario a democracia. Si defendemos a la democracia no podemos hacerlo a la vez con la dictadura, por lo que los símbolos que exaltan al dictador deben desaparecer del espacio público español. Y el Valle de los Caídos lo es. Debemos defender, explicar y difundir los valores de la democracia, lo que exige retirar los símbolos que defienden valores antagónicos.

Quienes defienden la permanencia de Franco en el Valle de los Caídos deberían hacerlo de frente, sin artificios en favor del comandante Franco. Nosotros creemos que hay que sacarlo de allí y los muchos argumentos en favor de esta idea se pueden agrupar en dos. Primero: es un monumento de exaltación de la figura del dictador, lo que es incompatible con los valores democráticos. Segundo: hay que poner fin a la ignominia que supone que miles de españoles estén allí enterrados, junto a él, sin que su voluntad o la de sus familiares sea esa; es intolerable que víctimas y verdugo compartan espacio fúnebre.

Hoy, doce años después, somos muy pocos los que recordamos la retirada de la figura ecuestre de Franco de la Academia General Militar. Saquemos al caudillo del Valle de los Caídos y en unos años este debate será simple recuerdo.

Javier Fernández López
Junta directiva Foro Milicia y Democracia (FMD)

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