Valera y Azaña. Razones de un entendimiento, por José Peña González

Valera y Azaña. Razones de un entendimiento, por José Peña González
El catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad San Pablo C.E.U. de Madrid y académico de la Real Academia de Córdoba, José Peña González, es el autor de un interesante estudio que se titula Valera-Azaña: Razones de un entendimiento, publicado el Boletín de la Real Academia de Córdoba de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes 

José Peña analiza las razones de la profunda admiración que Don Manuel Azaña (1880-1940) sintió por Don Juan Valera (1824-1905), admiración que le llevó a ser el mejor conocedor de su obra y el primero en publicarla, aunque las vicisitudes políticas del fundador de Acción Republicana le han negado el primerísimo puesto que merece como escritor e investigador del egabrense.

Intimo amigo de Carmen Valera, hija mayor del autor de Pepita Jiménez, Azaña tuvo acceso a sus archivos personales y a su correspondencia inédita y quedó seducido por la cultura y la capacidad de introspección del cordobés, influencias que pueden rastrearse en la magnífica obra literaria del político. Para Peña González, al margen de otras muchas coincidencias personales, Azaña y Valera fueron dos grandes escritores e intelectuales de su tiempo.

Valera y Azaña. Razones de un entendimiento, por José Peña González (1)

Es un dato aceptado por casi todos los estudiosos de Valera que el mejor de sus biógrafos, hasta el momento, ha sido Don Manuel Azaña. Ello en parte se explica, porque afortunadamente Azaña llegó tarde a la política, en la que seria una estrella de primera magnitud, lo que le permitió cultivar sus magnificas condiciones literarias y volcar su sensibilidad y talento en otras empresas. Una de ellas fue precisamente una biografía de Don Juan Valera, personaje del que sorprendentemente el mismo llega a decir en un articulo publicado en la Revista España en el mes de diciembre de 1923, que Valera no era su tipo ni en lo moral ni en lo literario (2). Como a menudo sucede en la vida , dos años mas tarde Valera fue su principal ocupación y creo que no es exagerado decir que su tabla de salvación. Ramos Oliveira ha destacado las múltiples coincidencias estéticas entre ambos personajes.

No resulta pues extraño, que como tantas veces sucede en el terreno biográfico, Azaña llegó a identificarse plenamente con el autor y al final, en variados trabajos, pudo trazar una biografía de Valera que todavía, hoy por hoy, sigue siendo el análisis mas agudo sobre el autor de Pepita Jiménez, y en el que siguen bebiendo todos los estudiosos de Don Juan (3). Lo sorprendente es que estando admitida la superioridad de Don Manuel Azaña entre los estudiosos de Valera, pocos se hayan preguntado las razones que movieron al futuro político a estudiar la vida y la obra de un personaje del que pocos años antes se había manifestado públicamente tan distante.

Aparte de la vis atractiva que un personaje como Valera llega a tener con cualquiera que se enfrente a su obra con un mínimo aparato crítico, en el caso que nos ocupa, se daban circunstancias especiales de coincidencias entre ambos. Ello explica en parte la gran atracción que un andaluz brillante como Don Juan Valera ejerció sobre el intelecto poderoso de un alcalaino de apariencia gris en lo personal , que sin embargo, dominaba como pocos ese magnifico tesoro, tantas veces exaltado por Valera, que es la lengua castellana (4). Valera y Azaña tienen en común un fondo de lecturas españolas de los siglos dieciséis y diecisiete que es perfectamente observable en su obra. En el caso de Azaña un repaso a la obra mas personal del escritor alcalaino, me refiero a la Revista La Pluma, constituye un buen ejemplo de ello.La creencia de ambos en la fuerza de las letras y la superioridad de estas sobre las armas, en un tono de marcado carácter cervantino , se deja ver en toda su producción. Valera no habría tenido inconveniente en hacer suyo el lema que presidia esta publicación azañista: "La pluma es la que asegura castillos, coronas, reyes y la que sustenta leyes".

Pero su formación literaria no se limita al tesoro de la lengua castellana.Ambos son políglotas y ello les permite conocer en su propia lengua lo mejor de la literatura francesa e inglesa. En el caso de Azaña , a diferencia de Don Juan , no llegó a dominar el alemán, aunque lo intentó en los años veinte, asistiendo a clases como consta en sus Memorias. Esa cultura políglota les permite a ambos llevar a cabo una ambiciosa tarea de traducciones que ponen al alcance del publico culto de España las ultimas creaciones de Europa.En Don Juan es observable su profundo conocimiento de las lenguas muertas (latín y griego) que justifican la consideración de Menendez Pelayo de estar ante "el más clásico de nuestros poetas". En el caso de Azaña y en opinión de Pedro Salinas su estilo "es una mezcla de austeridad española y formación literaria francesa". La solida formación literaria española se vería así complementada con un profundo conocimiento de lo mejor de la literatura continental de todos los tiempos , y todo ello sobre la base granítica de reposadas lecturas de Cervantes (5). Si Don Juan Valera "cayó fulminado" el 9 de abril de 1905, cuando acababan de leerle su discurso sobre el Quijote que la Real Academia Española de la Lengua le había encargado para conmemorar el tercer centenario de este monumento literario, Azaña no le iría a la zaga en este terreno y de su pluma salieron algunos de los mejores trabajos sobre su ilustre paisano (7). El biógrafo alcalaino termina su "Vida de Don Juan Valera", libro tan premiado como de azarosa existencia, recordando la pasión cervantina de Don Juan , y alabando el discurso sobre el Ingenioso Hidalgo con estas palabras que revelan su recia condición de biógrafo: "...En las ultimas horas del día 18, su mente, dilecta de las gracias, pasó". Se da el caso curioso y gratificante que parte de los trabajos valerianos de Azaña se reimprimieron en 1935 en un volumen titulado "La invención del Quijote y otros ensayos". Por otra parte ambos fueron no solo brillantes escritores de libros sino que llevaron a cabo una amplia actividad periodística de la que quedan ejemplos muy valiosos en los principales periódicos y revistas de sus respectivos tiempos.

Además de las coincidencias en cuanto a formación cultural, la vida de ambos presenta también puntos comunes en su trayectoria vital. Ambos llegaron tarde al matrimonio, casi cincuentones, y en los dos casos se casaron con mujeres mucho mas jóvenes, de tal modo que les doblaban la edad. Las dos respondían al nombre de Dolores.Ciertamente en el caso del cordobés los recuerdos de la vida conyugal no eran de lo mas agradable y de ello se queja en su correspondencia con Menendez Pelayo al que previene sobre el matrimonio, felicitándole reiteradamente por su celibato.Conocido es que la vida de Valera esta jalonada por los nombres de las mujeres que jugaron un papel importante en su vida, desde una recatada señorita lucentina a la aristocrática princesa Cantacuzeno, por matrimonio marquesa de Bedmar, en una lista excesivamente larga. No es este el caso de Azaña, quien tras una vida sentimental muy azarosa y desordenada durante su juventud, "juventud de señorito benaventino" como dice Marichal, encontró ya en su madurez sentimental en Lola Rivas Cherif el complemento necesario para su vida (7).

Ambos gustaban de las tertulias y sentían por la política un sentimiento dual y contradictorio. Por un lado una especie de admiración grande hacia la cosa publica y por otro una posición distante respecto de los políticos que la practican, y que en mi opinión de debe a la conciencia que ambos tenían de su superior cultura. Se sabían mas formados y mejor preparados para preocuparse por las grandes cuestiones de su patria y sin embargo eran conscientes de su dependencia de personajes de mucha menor valía. En este punto comparten, en mi opinión, una concepción íntima y aristocrática de la vida tanto en el biógrafo como en el biografiado. Ramos Oliveira ha visto esta conexión estética entre ambos cuando escribe: "Como acontece con Valera , el conflicto del hombre con el medio era, asimismo, en Azaña de raíz estética. Valera sentía altivo desvío por la sociedad española, que le parecía primitiva, zafia, presuntuosa e ignorante. Valera percibía, ante todo , la dimensión estética, o antiestética de las cosas españolas, una cualidad prominente en Azaña". El mismo Azaña en un volumen de titulo tan significativo como "La invención del Quijote y otros ensayos" , publicado en Madrid en 1935, ya citado anteriormente, define a Valera con una sucesión de rasgos positivos que de alguna forma puede pensarse que son los que a si mismo le gustaría tener :"... el recato, la mesura, el resguardo cuidadoso de la intimidad personal , la pureza de líneas, la claridad, el orden, la apelación perenne al buen sentido, la sencillez, la gracia, mas la aversión consiguiente a lo estentóreo y lo desaforado". Ferrer Solá dice que Azaña aprendió de Valera lo que llama "el sentir de España" (8). Para Luis Arias, gracias a Valera, Azaña comprendió el valor de las cosas pequeñas, de la realidad costumbrista en la que el egabrense era un insuperable maestro (9).

Pero hay otra circunstancia que conviene tener en cuenta y que ha sido apuntada por Juan Marichal. Me refiero a la utilización del biografiado como soporte para el análisis de una época. Azaña es como tantos españoles de su tiempo un profundo admirador del siglo XIX. Y Valera es el mejor notario del mismo. Ha nacido el 18 de octubre de 1824 y desde muy joven ha participado en todos los acontecimientos importantes del momento. Estuvo cerca del poder - lo que le permitía analizarlo con crudeza no exenta de elegancia-, pero sin llegar nunca a poseerlo, lo que le libraba de ciertas servidumbres. Tuvo una formación intelectual verdaderamente excepcional para su tiempo y a través de ella pudo describir el mundo en que vivía contemplándolo a través del prisma de su inteligencia. El resultado de esta visión que abarca hasta su muerte el año 1905, lo refleja en una colección de cartas que hacen del epistolario de Valera un documento único de valor histórico incalculable. Grafomano empedernido -en esto coincide con Azaña-, dejo escritas miles de cartas, de las cuales las mejores, según el propio Valera, fueron las dirigidas a Miguel de los Santos Alvarez , aunque lamentablemente y en un discutible ejercicio de prudencia política, fueron quemadas por la familia del destinatario. Gracias a Dios que las demás se conservan y poco a poco irán saliendo a la luz pública (10). En este sentido, Azaña fue el primero que tuvo la posibilidad de conocer a fondo los papeles reservados de Don Juan Valera. Los estudió con rigor de biografo y pasión de estudioso y fruto de ellos fue la colección de trabajos valerianos que a partir de 1925 empezaron a ver la luz (11). Azaña no es solo el hombre que conoce muy bien la obra literaria de Valera. Azaña es ante todo el estudioso que conoce a Don Juan, porque a diferencia de los demás ha tenido en sus manos trozos de la vida en forma de cartas y recuerdos. De ahí que su biografía de Don Juan Valera, premio nacional de literatura de 1926 ex aequo con Pedro Sainz Rodríguez (12), no sea solo un trabajo antologico desde el punto de vista literario sino un apasionado relato personal del autor de Pepita Jiménez y un repaso profundo de nuestro siglo XIX, haciendo especial hincapié en las corrientes culturales que le atravesaron y los principales acontecimientos que en esta centuria tuvieron lugar. De una carta de Azaña a Cipriano de fecha 18 de febrero de 1925 es lícito deducir que puede sacarse mucho jugo de toda la documentación que está viendo de Valera. Afirma que "con mas tiempo, para poder aprovechar todo lo que da de si el personaje , podría hacerse un ensayo bonito sobre este gran testigo del siglo XIX. En fin trataré de condensarlo , y hablaré muy bien de Don Juan , que se lo merece. ¡Qué tío mas listo!.". Detrás de la obra azañista sobre Valera hay toda una brillante exposición de cultura española del siglo diecinueve, es decir de los modos y maneras que españoles de distinto signo utilizaron para resolver sus problemas de convivencia.Este es el principal mérito de la interpretación valeriana que lleva a cabo Manuel Azaña. Junto al rigor del investigador, que tanto se echa de menos en algunas publicaciones sobre Valera, donde en ocasiones no solo se ignora el "tempo" histórico en que se desenvolvió Don Juan, sino incluso se pone de manifiesto una lectura muy somera y superficial de la obra valeriana; Azaña demuestra una y otra vez su profundo conocimiento del siglo XIX, de la evolución social de España, de los intentos de implantación del liberalismo y su posterior evolución, de las corrientes intelectuales europeas y su aceptación o rechazo en nuestra patria, de las expectativas suscitadas por el sexenio democrático y la decepción subsiguiente de la restauración, de la llamada crisis finisecular etc etc. Azaña sabe que de la mano del escritor egabrense - de linaje liberal igual que el propio Azaña- se podía hacer un recorrido por nuestra historia mas reciente y al mismo tiempo intentar sacar provechosas lecciones de futuro. Azaña como Valera cree en el papel de la inteligencia y ningún intelectual de mas fuste que Don Juan Valera para servirle de introductor en un mundo que le apasiona. El mérito de Azaña en lo que se refiere a su visión de Valera estriba en haber sabido situar al personaje en las coordenadas temporales y espaciales adecuadas. Ello supone un pesado trabajo que es perfectamente observable en la obra azañista. La cantidad de datos de primera mano que aporta, su conocimiento de muchas intimidades valerianas que la familia ha puesto a su disposición, el interés del biógrafo por conocer a su biografiado con la secreta intención de llegar a conocerse mejor a si mismo, todo ello justifica que como decíamos al principio de este trabajo, haya una rara unanimidad en considerar a Don Manuel Azaña como el mas profundo conocedor de Valera, hasta nuestros días. El biógrafo no tuvo reparo en reconocer que "muchos meses, años quizá, he tratado y manejado cuanto se conserva, que no es poco, de la vida personal de Valera. Desde la adolescencia a la senectud lo he seguido, por temporadas día tras día, en su formación literaria, en su carrera política, en su ambición, en sus amores, sus repulsiones, en su interior doméstico. Después de resolverlo y analizarlo, he sometido mis resultados a la prueba orgánica de escribir sobre ello". Azaña es consciente que no solo está ante un gran escritor sino un historiador que presta su afilada aunque elegante pluma a continuar la extraordinaria Historia de España que había dejado inconclusa el gran Modesto Lafuente. El escritor Valera, transformado en historiador, será un punto imprescindible para el conocimiento de nuestro siglo XIX, que tanta admiración despertaba en Azaña.

Ante tan extraordinario material de primera mano, Azaña se entrega con pasión a desentrañarlo y estudiarlo Pero en este mérito indiscutible de Azaña que se traduce en el magnifico trabajo sobre Valera que lleva a cabo el que seria segundo presidente de la Segunda República Española, no podía estar ausente como en tantos otros caso el azar. La suerte en este caso se alía con el carácter y la voluntad de Azaña y todo ello da como resultado "La vida de Don Juan Valera", "La novela de Pepita Jiménez" o su trabajo sobre "Asclepigenia y la experiencia amatoria de Don Juan Valera", que recoge el texto de la conferencia pronunciada el año 1928 sobre este mismo tema.

El azar también en este caso jugaría, como afirma Dilthey, un papel importante en la relación Valera -Azaña. Veamos. 

Azaña ha sido desde muy joven un lector empedernido de Valera, y en base a este dato conocido en los ambientes literarios madrileños, le habían encargado para la Biblioteca de Clásicos Castellanos, un prologo de la novela Pepita Jiménez. Pero lo que podríamos llamar su intimidad literaria con el escritor egabrense se produce en los años veinte, en un momento personal difícil en la biografía azañista. Acaba de sufrir un reyes electoral en la elecciones a diputado por el distrito toledano de Puente del Arzobispo en una candidatura del partido reformista de Melquiades Alvarez y siente la profunda soledad unida a la injusticia de la situación. El acta le ha sido literalmente robada siguiendo las costumbres caciquiles de la época a favor de Don Cesar de la Mora, y al cuarenton Azaña no le queda mas refugio que la literatura, que le ayudara a superar su lamentable situación personal (13). Son los años fecundos de la Revista La Pluma, las largas tardes de la "cacharrería" del Ateneo madrileño, en las que entre chupada y chupada de cigarro y sorbitos de café, como el mismo confiesa, se podía arreglar España en un santiamén. Después tertulias nocturnas en el Regina o en la Granja del Henar. Siempre la amistad inquebrantable de Cipriano Rivas Cherif, su amigo y mas tarde cuñado. Cipriano también es un buen conocedor de la obra de Valera, de cuya primera novela, Pepita Jiménez, ha hecho una adaptación teatral, que según Marichal debería haber sido estrenada el año del centenario del nacimiento de Don Juan, pero que no fue representada en Madrid hasta 1929. El mismo Azaña reconoce en carta del 27 de enero de 1925 el profundo conocimiento que su amigo tiene de la obra valeriana. Así escribe que "he corregido unas galeradas de Pepita Jiménez, pero no las he devuelto en espera de tus instrucciones para las notas, porque algo tendrás pensado sobre eso". Pero además, Cipriano tiene trato amistoso con la hija de Don Juan, Carmen Valera Delavat y como afirma su hijo Enrique Rivas, fue Cipriano quien en principio debía llevar a cabo el estudio critico de la obra de Valera. Sin embargo otros quehaceres impiden a Rivas Cherif aceptar este encargo que traspasa a su futuro cuñado que en estos momentos está en una inactividad política forzada por las circunstancias . A través de Rivas, Azaña obtiene de Doña Carmen permiso "para visitar el epistolario de Don Juan....", lo que le supuso, según Cipriano en su conocido Retrato de un desconocido, "una revelación como tal crónica del siglo XIX fue para su nuevo exegeta la lectura de aquellos papeles que daban una luz insospechada sobre la obra del gran novelista y critico, que mi amigo releía alumbrado por su entendimiento , parejo en mas de un aspecto del de aquel ingenio amabilísimo".

De ahí que le animara a escribir una Vida de Don Juan Valera que presentaría al Concurso Nacional de Literatura del año 1925, obra que nunca llegó a publicarse íntegramente , ya que el manuscrito completo que según Azaña en una anotación del 16 de diciembre de 1938 , pensaba editarse ," si encontraba papel", se convirtió en "humo" , al haber sido pasto de un incendio durante la guerra civil española, el archivo de los premios nacionales de literatura, donde en principio debía conservarse el original premiado. En la elaboración de esta biografía, Azaña no duda en solicitar información de Cipriano sobre aspectos muy concretos que el alcalaino desconoce. Así en carta de 4 de febrero de 1925 le escribe: " En la biografía de Valera hay algunos personajes desconocidos para mi: ¿Quién es Malvina la Culebrosa? ¿Quién es La Muerta de quien habla como enamorado?. Esto habrá que preguntárselo a su hija; pero se lo preguntas tú, ¿no?".

Cipriano Rivas refiere con todo detalle la relación de Azaña con los Valera, "una familia muy rara" como escribe Azaña en una anotación del 29 de diciembre de 1932 con motivo de la visita que le hace Carmen Valera con su hija Lola Serrat para invitarle a la boda de la nieta de Don Juan. Escribe Cipriano, con su estilo característico, que: "Viendo el desaliñado amor filial con que Doña Carmen Valera atendía a la publicación de las obras de su padre y a la conservación de su archivo inédito, escandalizabase su no menos amoroso y desinteradísimo biógrafo de la indefensión de un tal tesoro, a merced del caprichoso gusto de herederos y derecho habientes , no siempre atentos al solo interés por la obra misma que están llamados a conservar. Instaba un día y otro a nuestra amiga a que, de no considerar pertinente todavía la divulgación de cuantos sucesos y opiniones atañaderos a personas vivas aun en la memoria inmediata de sus mas íntimos familiares y unidos por una amistad tradicional a la propia familia de Valera, avaloraban la literatura de su padre con imponderable precio histórico, se apresurase a poner aquel epistolario autógrafo a cubierto de las vicisitudes que pudieran hacer peligrar su existencia , bajo la salvaguardia de la Biblioteca Nacional, aunque fuera con el designio expreso de que no viese la luz publica en tantos años cuantos creyera conveniente a la decencia del trato social, en que se fundaba la reserva del propio autor."

Azaña gracias a esta actuación de Cipriano y a la amistad que une a su futuro cuñado con los Valera, se zambulle en el archivo personal de Don Juan y lo estudia a fondo. Para Azaña además de un placer histórico literario es una magnifica terapia para superar" la soledad en que vine a encontrarme de pronto, el año 1925 es probablemente el mas triste de mi vida", como recuerda en la ya citada anotación del 18 de agosto de 1931. Copia infinidad de cartas, todas ellas hasta entonces inéditas, y que daría a conocer en sus trabajos valerianos. Algunas veces la transcripción y copia la llevan a cabo amigos íntimos de ambas partes como es el caso de Sindulfo de la Fuente, tal y como reconoce en carta que dirige a Cipriano el 19 de junio de 1925. En la misma además afirma que "del asunto Valera , en efecto, se más que Lepe. Todas las tardes voy a casa de Carmen Valera , que me ha franqueado muchas y voluminosas carpetas de documentos . Me entretiene mucho la lectura. Entre otras mil curiosidades he visto la correspondencia de varias amantes de Don Juan, desde la alemanota principesca , romántica y lasciva, que se subía a las montañas las noches de tempestad o miraba a la luna pensando que también su "juanito" ( su mono) estaba mirándola, hasta la señorita de Lucena, modesta y casi analfabeta que se duele de lo mucho que a su Juan le de electores de Málaga. No veo a la Sra. todos los días. A veces entra a darme conversación y yo le pregunto mil cosas de las que no siempre esta enterada. No he podido convencerle de que publique un mazo de cartas literarias muy interesantes . Solo piensa en las cartas intimas por ahora; y me ha preguntado , si tu al fin , te encargarías de publicarlas. Yo le he dicho que si y que en acabando de copiarlas me encargaré del cotejo y le devolveré los originales . Como yo no estoy enterado de lo que pensabas hacer con ese libro no me he alargado a mas. Debes enviar instrucciones, a Sindulfo o a mi; o si te parece le diré que cuando vengas en otoño te encargaras del asunto. También Moreno Villa me pidió las cartas de Estebanez. Le he dicho que, ausente tu, se las devolveríamos con tu conformidad cuando estén cotejadas. Esto se llevara algún tiempo, aun. En casa de Valera tengo trabajo para otros quince días, a lo que creo. Después, podré hacer el cotejo con Sindulfo".
 
En relación con la familia Valera, el hombre fuerte y de confianza es siempre Cipriano. Este, en unión del Conde de las Navas, es el elemento mas activo para la Comisión encargada de erigir a Don Juan un monumento en el paseo de la Castellana de Madrid. Rivas actúa como Secretario de la citada Comisión, cargo en el que por sus repetidas ausencias será sustituido por uno de los hermanos Alvarez Quintero. En carta del día 2 de julio de 1925, Azaña comenta a su amigo que "solo se han reunido 28.000 pesetas, y como no puede hacerse la estatua con tan poco dinero (Collaut Valera se ofrece a hacerla por lo que le den), piensan instituir un en la Academia Española. A la hija no le hace gracia esto, pero como no tienen cuartos para realizar el proyecto tendrán que aguantarse".

Poco a poco Azaña acaba contagiándose de la atmósfera que rodea la vida de su biografiado. En carta a Cipriano de 25 de abril de 1925 le dice: "No dejo de trabajar en lo de Valera. Tengo hecho un gran pedazo. Cuando lo copie a maquina te lo mandaré, para que opines. Lo mas importante y difícil es reconstruir su formación literaria y encadenar hasta donde es posible sus ideas. En eso estoy. Me importaría leer mas cartas . Si tuviera las del Doctor Thebuceu (sic), que abarcan los últimos veinte años de Valera (son 250 cartas), la biografía seria cabal. Por cierto que Don Juan Güeto, el de Doña Mencia, te escribió preguntándote si querías mas cartas. ¿ Qué le dijiste?. Te parece oportuno escribirle para que mande todas las que tenga, o copia literal de ellas?. Lo mejor seria ver los originales, porque las copias suelen estar mal. Para lo ultimo dejo los papeles que tiene Doña Carmen Valera. Me serviría para completar lo que tengo hecho. Sindulfo sigue copiando las otras cartas. Casi todas están copiadas. Luego hemos de cotejarlas; pero no se de que he sacado yo que desiste Doña Carmen de publicarlas. No obstante se copian".

A medida que va conociendo la obra de Valera se va ampliando su punto de mira. Aprovechando una estancia de Cipriano en Lisboa, a donde le han llevado sus ocupaciones teatrales en calidad de agente de publicidad de la actriz italiana Mimí Aguglia, le escribe con fecha 19 de junio de 1925 -hay que hacer notar que gran parte de la correspondencia entre Azaña y Rivas en el año 1925, recoge las incidencias de la preparación de La Vida de Don Juan Valera y los trabajos que Azaña está llevando a cabo para poner termino a su obra-, y en ella le dice que: "antes de dejar este asunto de Valera, te revelaré que tu presencia en esa , pudiera serme útil para mis tareas. En Portugal hay cartas de Valera; entre otras las que escribió a Latino Coelho y a Oliveira Martins. Latino Coelho se murió a fines del siglo pasado, me parece; pero acaso tenga en Lisboa hijos o alguna familia. Con tus nuevas relaciones podrías averiguarlo, ponerte al habla con sus herederos , y pedir que nos prestasen las cartas de Valera que conserven, para copiarlas o que las dejasen copiar ahí. Latino Coelho, además de escritor, fue político, diputado, no sé si sería ministro. En El Século deben poseer información sobre su persona. También podrías averiguar algo acerca de Oliveira Martins, buscando a su familia. Pero todo eso si tienes tiempo".

Poco a poco Valera se va adueñando del espíritu de Azaña. Hay como una pequeña venganza contra aquel que tuvo la osadía de escudriñar sus más secretos pensamientos. Azaña pone al descubierto lo mas íntimo de Valera. Por eso pudo escribir su ensayo sobre Asclepigenia, la obra que refleja según el alcalaino "la madurez que había serenado a Valera" y que muestra al mundo los mas recónditos pliegues del alma valeriana, en un estilo único que Jiménez Losantos califica como "la prosa amable de su desengaño". Azaña casi se identifica con su personaje. Siente como suyas las cosas de Don Juan y sufre con las mutilaciones que se están llevando a cabo con la obra de su biografiado. Cipriano lo refleja a la perfección cuando escribe en su "Retrato de un desconocido": "El marido de doña Carmen Valera, por entonces en desavenencia con ella , había cometido ya con el epistolario en cuestión algún atentado irremediable e imposible de concebir en persona de la ilustración y cultura que es de suponer en un diplomático de carrera: Mi amigo había tenido en la mano el texto original de una de las cartas de Don Juan Valera , escritas cuando Secretario de Embajada a su vez en San Petersburgo , bárbaramente mutilado a cuenta de las supresiones que su yerno consideró pertinentes al editarlas en el volumen correspondiente de las Obras Completas , por no tomarse el trabajo, sin duda, de copiar lo que hubiera de ir a la imprenta. A la razón que oponía la propia hija al deseo de mi amigo y leal biógrafo de su padre, de que le autorizase a dar ya el epistolario completo, suponiendo ella que las cartas pertenecen exclusivamente al orden privado de las relaciones humanas, objetaba él que, si no lo estimaba así en ningún caso , mucho menos en el de Don Juan Valera, de quien se conservaban de puño y letra una y hasta dos copias a veces de algunas correspondencias suyas, por ejemplo , la muy divertida, por licenciosa precisamente, con Estébanez Calderón (El Solitario), muestra evidentísima de que pensaba legarlas a una posteridad que pudiera gastar sin el escándalo hipócrita de sus contemporáneos, de aquellas preciosas maledicencias literarias de las Cortes de Nápoles y El Brasil de sus amistades y aun familiares de Madrid". Nunca perdonará el futuro Presidente de la República, de una república que quiere que sea especialmente de las letras, el abandono culpable de los herederos de Don Juan respecto a la obra que para Azaña es ya patrimonio nacional de España. Azaña podría hacer suyas las palabras con que Luis Arraigue cierra en noviembre de 1934 la introducción a las Obras Completas de Don Juan , incluidas en la edición de Aguilar. "Valera representa la gracia, la amenidad, el buen sentido, el juicio sereno, la armonía, la integridad mental. la ponderación clásica, latina y humanística, aplicándose a omnie re scibili". Azaña conocía como pocos la obra literaria de Don Juan, pero mejor que nadie la vida de quien había hecho de la literatura un ejercicio de libertad, de ficción libre en sus escritos como recuerda otro gran valerista, Montesinos. Azaña entiende como nadie lo que Clarin llamaba el estilo "valeresco" o las "cosas de Valera", porque ha llegado a penetrar en lo mas íntimo de su ser y en muchas de estas cosas le gustaría verse representado. Al final biógrafo y biografiado coinciden en mas de lo que pudiera parecer. Tenían en común el talento, de patrimonio su amplia cultura, y de arma para enfrentarse con el mundo el valor de su palabra y la fuerza de su prosa. Por si faltaba poco , en una sociedad donde la hipocresía era moneda de uso corriente, fueron honestos consigo mismos y con sus ideas. No es todo ello una mala tarjeta de presentación.

José Peña González


Notas:

1. Trabajo leído en la Real Academia de Córdoba el día 20 de febrero de 2003. 

2. Como he señalado en otro lugar "resulta curioso que llegue a conocer tan perfectamente a Valera , quien había confesado que su primera lectura de Pepita Jimenez, cuando se la dio a leer el Padre Blanco (Alias Fray Sotana) en El Escorial, le aburrió soberanamente". Vease Peña Gonzalez: "Manuel Azaña , el hombre, el intelectual y el político". Alcalá de Henares, 1991. Pag. 57. 

3. Los estudios de Azaña sobre Don Juan Valera son: -Prologo a Pepita Jiménez. 1927. -Valera en Italia. 1929. -Valera en Rusia. 1926. -La novela de Pepita Jimenez. 1927. -Asclepigenia y la experiencia amorosa de Don Juan Valera. 1928. Estos dos últimos formaban parte de una obra inédita y hasta hace poco perdida, titulada Vida de Don Juan Valera. 

4. Hace muy pocas fechas y en una entrevista de prensa, el maestro Lazaro Carreter ante la pregunta del periodista sobre las personas que mas ha admirado contesta textualmente: "Casi da vergüenza porque es un tópico que hoy dice una buena parte de los políticos: una de las personas que mas he admirado es Manuel Azaña. Sus artículos, sus obras completas, que me compré en México apenas aparecieron Me parece un ser absolutamente excepcional; no entro en aspectos morales, pero como inteligencia funcionando es absolutamente admirable. Tendría que ser mas leído Manuel Azaña". El País Semanal. Nº 2 1374. Madrid, 26 de enero de 2003. Pag. 14. 

5. Uno y otro han leído desde muy niños y utilizando las bibliotecas familiares lo mejor de la literatura francesa y en su lengua original, según se desprende de sus escritos. 

6. Es frecuente en la obra de Azaña las referencias quijotescas, la utilización de refranes cervantinos y su utilización del termino "sanchopancesco" con el que gustaba autodefinirse. 

7. Hay que resaltar el importante papel que juega esta mujer en la vida de Azaña. Desde el primer momento Doña Lola fue el refugio seguro en la vida de Don Manuel. A ella le debemos también la conservación de su obra. Fue la mejor compañera posible en su vida y la mas fiel albacea tras su muerte ocurrida el día 1" de mayo de 1993 en la ciudad de Méjico. Para una información mas completa sobre el papel de Doña Lola véase, entre otros, mi articulo publicado en el Diario El Mundo, de Madrid el día 8 de mayo de 1993 y un trabajo mas amplio publicado en la Revista Aportes el año 1995. El encuentro con ella tuvo lugar en el chalet que la familia Baroja tenia en la madrileña calle de Alvarez Mendizabal. En una representación en el teatro de "bolsillo" que había en la vivienda empezaron a conocerse , según revela Cipriano Rivas en "Retrato de un desconocido". 

8. Ferrer Sola, Jesus: "Manuel Azaña: una pasión intelectual". Madrid, 1993. Pag. 118. 

9. Arias, Luis: "Azaña o el sueño de la razon". Madrid, 1990. Pag. 209. 

10. Sobre la correspondencia de Don Juan se ha dado algun que otro abuso intelectual presentando como meditas cartas que ya habían sido publicadas con anterioridad. Hoy afortunadamente y en estos momentos se ha acometido bajo la dirección del profesor Romero Tobar, la empresa hercúlea de publicar, en principio en 10 volúmenes, la Correspondencia de Don Juan. Hasta este momento ha salido el primero de ellos que abarca de 1847 a 1861, e incluye 347 cartas. 

11. Con motivo de la aparición en los sótanos de la Dirección General de Seguridad de unos paquetes con objetos personales del ex Presidente Azaña el año 1984, el entonces ministro del Interior Don José Barrionuevo, hizo entrega de los mismos a la familia Rivas, sobrino carnal de Don Manuel. El material azañista encontrado pertenecía al comisario de policía Eduardo Comin Colomer. En ellas iba parte de la correspondencia que Carmen Valera Delavat había entregado a Don Manuel Azaña. Parece que los herederos de Doña Carmen han reclamado la devolución de dichas cartas que fueron dejadas en deposito al Sr. Azaña para que llevara a cabo su estudio sobre Don Juan, y que al parecer no llegó a devolver. Sobre el tema puede verse el articulo publicado en el semanario Cambio 16 por Ignacio Alvarez Vara con el titulo "Los papeles de Azaña". Madrid, 1984.

12 El jurado que otorgó este premio estaba presidido por Gabriel Maura Gamazo e integrado por Ramon Maria Tenreiro, Pedro Salinas, Andres Ovejero y Gerardo Diego.

13. En su Diario del 18 de agosto de 1931 expone unas impresiones que en lo personal y en lo que se refiere a Valera no tienen desperdicio. Escribe: "Recuerdo que por estas causas , y sobre todo , por la soledad en que vine a encontrarme de pronto , el año 1925 es probablemente el mas triste de mi vida. Entonces estuve a punto de hacer una tontería gigantesca. Yo creo que la soledad me indujo a error; la soledad y la absoluta carencia de ambición que siempre he tenido (facilidad para contentarme con lo presente , y no creerme con derecho a más ni a nada. ¿Será el freno de la indolencia?). Entré en unos devaneos que al punto no fueron entendidos y que al serlo fueron rechazados. ¡Que suerte¡ ¡Lo que me habría pesado después¡. Lo chusco es que ya por entonces pensaba en otra cosa, pero me parecía inasequible, y la cultivaba nada mas que como un cebo de la imaginación. Si aquello hubiera salido a medida de mis momentáneos deseos, mi aburrimiento y mi enojo ahora no tendrían limite, y la situación habría sido insostenible. Por entonces también me refugié en la aficion a escribir . Concluí El Jardin de los Frailes y comencé el libro sobre Valera". OO.CC. Tomo IV. Pag. 85. 


Valera y Azaña. Razones de un entendimiento, por José Peña González
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