La ejecución de Rafael del Riego, un luchador por la libertad

La ejecución de Rafael del Riego, un luchador por la libertad
Tal día como hoy 7 de noviembre de 1823, fue ejecutado en Madrid el general Rafael del Riego.

Rafael del Riego Nuñez (Tuña, 7 de abril de 1784 - Madrid, 7 de noviembre de 1823), fue un general y político liberal que dio nombre al famoso himno adoptado por los liberales y más tarde los republicanos, conocido como “Himno de Riego”.

A finales de 1819 Riego se reunió en Andalucía un ejército destinado a sofocar la sublevación de las colonias en América de las provincias de Ultramar. Riego estaba al mando del 2º batallón asturiano. Varios oficiales habían decidido aprovechar aquella ocasión para proclamar la Constitución de 1812. Riego, uno de los comprometidos con el movimiento, se alzó en Las Cabezas de San Juan (Sevilla) el 1 de enero de 1820 contra la tiranía de Fernando VII, conocido popularmente como el rey felón.








Rafael del Riego, se convirtió desde entonces en un héroe popular. Al entrar en Málaga se cantó por vez primera el conocido como Himno de Riego, que iba a ser el de todos los republicanos. El grito de "¡Viva Riego!" resonó por España como lema de libertad. 

Dos meses después, en marzo, el Palacio Real de Madrid fue rodeado por la multitud y el rey felón asustado se vio obligado a firmar un decreto en el que juraba la Constitución, sin la menor intención de atacarla -es sabido que los borbones juran y perjuran según su conveniencia- publicando un manifiesto en el que le mostraba su apoyo con la falsa frase: “Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional”. El Trágala pasó a ser un himno de victoria contra el tirano. Por el momento.

Había comenzado el llamado “Trienio liberal” y el nuevo gobierno nombró a Riego Capitán General de Aragón, pero pronto empezaron las revueltas y conspiraciones en contra de la nueva forma de gobierno, alentadas por el propio monarca que al mismo tiempo negociaba en secreto con la Santa Alianza la invasión de España.

Pese a su juramento, Fernando VII pidió en secreto -tal como siempre actuó el rey felón- ayuda extranjera para el restablecimiento del absolutismo. En abril de 1823, un ejército francés llamado conocido como los Cien Mil Hijos de San Luis, al mando del Duque de Angulema cruzó la frontera por el Bidasoa poniendo fin a la Guerra Realista y al Trienio Liberal.

El general Riego marchó a Cádiz para intentar reorganizar la resistencia en Andalucía e hizo frente a los franceses, pero fue derrotado en la "Batalla de Jódar". Malherido, trató de huir. El 15 de septiembre fue traicionado, abandonado por sus tropas y hecho prisionero en La Carolina (Jaén). 

Se le trasladó a Madrid. El 5 de noviembre entró en capilla, y según Francisco Pi y Margall, le hicieron creer que si pedía perdón por escrito se le conmutaría la pena capital. Riego estaba en una situación física y anímica deplorable y redactó un documento en este sentido. Aunque pidió perdón y clemencia al rey, en carta publicada por la Gaceta de Madrid, fue declarado culpable de alta traición. Todo fue en vano y sería declarado culpable de alta traición, por haber sido uno de los diputados que había votado por la incapacitación del rey.

El 7 de noviembre de 1823, fue arrastrado en un serón hacia el patíbulo situado en la Plaza de la Cebada en Madrid y ejecutado por ahorcamiento y posteriormente decapitado, entre los insultos de la misma población que poco antes le había aclamado. 

Galdós, en su novela, «El terror de 1824», lo narra así: «Pereció como la pobre alimaña que expira chillando entre los dientes de gato. El día 7, a las 10 de la mañana, le condujeron al suplicio. De seguro, no ha brillado en toda nuestra historia día más ignominioso». Eugenia Astur cuenta en su biografía que Fernando VII, cuando recibió la noticia de la ejecución, viajando camino de la Corte, dicen que frotando las manos se repantigó en el coche, y con un acento en el cual se traslucía la satisfacción de que al fin se ha librado de una pesadilla, exclamó festivo: «¡Liberales: gritad ahora viva Riego!». Escribió Unamuno que «la muerte de Riego contribuyó, más que a otra cosa, a ennegrecer la figura, ya tenebrosa, de Fernando VII». 

Tras su muerte, el legado de Riego pervivió en la memoria popular como un héroe mítico de la lucha por la libertad; la marcha que tocaban sus tropas durante los hechos de 1820 (llamada popularmente Himno de Riego, siguió sonando como himno revolucionario a lo largo del siglo XIX y fue adoptado como himno nacional de España de manera no oficial durante la Segunda República (1931-39).
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  • Date : 7.11.18
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