La decadencia del régimen monárquico

La decadencia del régimen monárquico
La Transición fue un tránsito de un régimen fascista y corrupto, a una monarquía parlamentaria, continuista y heredera de la usurpación. Con la muerte del genocida Francisco Franco, el franquismo no se desmoronó ni fue derrotado, sino que las élites del poder franquista se adaptaron al nuevo régimen que restauraba la monarquía borbónica cumpliendo la voluntad de Franco.

En este sentido, la mayoría de las fuerzas opositoras al régimen franquista, vendieron la soberanía nacional a cambio de poltronas en el Congreso y el Senado. Al pueblo español se le negó la posibilidad de elegir su propio sistema político entre Monarquía o República. De esta forma, la democracia española nació viciada y corrupta; con un pacto de silencio que dejaría los crímenes del franquismo impunes y con una Jefatura de Estado impuesta, vitalicia y blindada con una Constitución monárquica.



Durante muchos años, España estuvo resignada a la desventura y paralizada –en parte- por la represión postfranquista, la censura y el monopolio de la información y la propaganda, es decir, de la mentira. Además de estar bajo los efectos de un lavado de cerebro permanente que mistificaron la Transición como “modélica”. 

La crisis económica y la corrupción institucionalizada en la Banca, empresas del IBEX35, política, Iglesia y ejército… han generado una continuada desafección de la gente hacia las instituciones. El régimen establecido y las políticas neoliberales, lejos solventar los problemas de las personas: desempleo, desahucios, pobreza… los han agudizado todavía más con políticas de austeridad y recortes.

El surgimiento del 15M y la reflexión ciudadana de la calle, han posibilitado la formación de nuevos partidos políticos. En este sentido, la ciudadanía ha alcanzado cotas de poder que golpean los cimientos del régimen monárquico y erosionan el bipartidismo.

Las últimas elecciones, manifiestan la necesidad urgente de un cambio que haga frente al franquicidio y las políticas neoliberales de recortes, que generan desigualdades, empobrecimiento y degradan el llamado estado de bienestar. 

Ineludiblemente tarde o temprano se deberá tocar la cuestión del modelo de Estado para evolucionar hacia un nuevo marco de convivencia territorial republicano, donde se supriman los privilegios y vicios políticos heredados del franquismo, que transgreden y corrompen la dignidad humana. De no hacerlo, se corre el riego de que el cambio se convierta en recambio y derive en un nuevo fracaso sociopolítico engullido por las cloacas corrompidas del régimen.

La República es democracia, libertad, justicia; bienestar del pueblo y grandeza de la patria. Cinco ideas que vislumbran toda una filosofía y constituyen una alternativa a la decadencia del régimen monárquico.

Luis Egea
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