Roque Barcia Martí [1821-1885]

Roque Barcia Martí [1821-1885]
Roque Barcia Martí, Nació el 4 de octubre de 1821 en Isla Cristina (Huelva), pero fue llevado a bautizar a Sevilla, motivo que ha confundido bastante a sus biógrafos sobre su fecha y lugar de nacimiento.​ Era hijo del gallego Roque Barcia Ferraces de la Cueva, funcionario de la administración de rentas y aduanas y escribano y de avanzadas ideas sociales. Durante su infancia, fallecido su padre en 1838, vivió en la localidad onubense de La Redondela. 

En su época de estudiante, ya terminada su educación, viajó algunos años por el extranjero: se halla en 1848 en Montpellier y Liorna, y en 1849 en Roma y en Ferrara; asiste a las bibliotecas de Francia e Italia para escribir más tarde El progreso y el cristianismo, obra en la que trabajó un total de diez años. Dicha obra provocó su primera emigración a París y más tarde, en 1858, no solamente que se le prohibiera esta obra, sino que muchos miles de ejemplares fueran quemados públicamente. 

Vuelto ya a su patria, colaboró en diversos periódicos (La Democracia, El Demócrata Andaluz, entre otros), que le granjearon gran popularidad. Escribió cuatro tomos de viajes y un libro titulado Un paseo por París que fue muy bien recibido. Después dirigió el periódico El Círculo científico y literario en Madrid, hasta la revolución de 1854, para la que trabajó propagando las ideas democráticas de las que era un ardiente partidario. También dio a luz por entonces La cuestión pontificia y La verdad social, folletos que fueron también prohibidos. Trabajaba ya en su ambiciosa obra lexicográfica y etimológica. Publicó sucesivas entregas de ella y además La filosofía del alma humana y dos tomos de Sinónimos castellanos como complemento de su diccionario.

Sus nuevas obras Historia de los Estados-Unidos y el Cantón político, que tan brillante aceptación tuvieron por parte del público, que cada día aceptaba más y más los libros de Barcia por la verdad de sus doctrinas y la energía de sus convicciones, fueron también prohibidas. El autor, sin embargo, lejos de desalentarse, dio a la estampa Las armonías morales y el nuevo pensamiento de la nación, que sufrió la misma suerte. Barcia escribía obras para educar al pueblo y el gobierno las prohibía para que el pueblo permaneciera siempre en la oscuridad de las ideas de regeneración social.

Influido por Emilio Castelar, en cuyo periódico La Democracia (1864) fue redactor, marchó a Cádiz ese mismo año y dirigió uno fundado por el anarquista gaditano Fermín Salvoechea y financiado entre otros por el comerciante republicano Manuel Francisco Paúl y Picardo llamado El Demócrata Andaluz que duró cinco meses; sus artículos le valieron la excomunión del obispo de Cádiz, una más entre las muchas que atesoraba. A dicha excomunión replicó con su Teoría del infierno. En Cádiz estuvo sin embargo apenas dos años, porque pasó a Isla Cristina –su casa se conserva todavía en La Redondela— desde donde, tras los graves acontecimientos del golpe de estado de 1866, cuando su casa fue allanada cuatro veces, se le había dictado auto de prisión y busca y captura y se habían practicado varios registros, optó por exiliarse a Portugal donde, tras dos periodos de detención, presidió la Junta de Exiliados Españoles; allí rechazó varias aproximaciones del duque de Montpensier. 

Participó activamente en los preparativos de la “Gloriosa” redactando documentos y proclamas. Al formarse en Portugal la Junta revolucionaria de emigrados españoles, Barcia fue nombrado presidente de ella; entonces escribió varias proclamas e importantes documentos, ayudando con todas sus fuerzas al movimiento revolucionario que se efectuó en Septiembre. La idea revolucionaria de septiembre de 1868 estaba germinando no sólo en Barcelona, sino también en Andalucía y particularmente en Cádiz, donde el fourierismo de Joaquín de Abreu y Orta y los sucesos de la Mano Negra que refirió como cronista el propio Leopoldo Alas “Clarín”, pasando por la aventura internacionalista y figuras como Fermín Salvochea habían agitado el ambiente. 

Volvió a España al producirse el triunfo definitivo de la Revolución del año 1868 (La Gloriosa Revolución) después de dos años mortales de trabajos y penalidades, dio a luz sucesivamente Las cargas de justicia, El Evangelio del pueblo y la Teoría del infierno, cuyos folletos se han reimpreso ya muchas veces. Para dar una idea de la popularidad que Barcia ha sabido conquistarse entre el pueblo, bastará decir que en las elecciones para diputados a Cortes de la presente legislatura diez y seis circunscripciones le ofrecieron candidatura para las elecciones. Son las siguientes: Alcoy, Alicante, Badajoz, Béjar, Burgos, Ecija, Montilla, Granada, Málaga, Cádiz, Jerez, Ronda, Villanueva y Geltrú, la Mancha, Huelva y Soria. 

Fue elegido diputado por Badajoz y fundó el periódico La Federación Española, desde donde inició una campaña, de claro tinte republicano, en defensa de su postura de feralista-cantonalista. 

Roque Barcia, que había formado parte, desde el principio,del movimiento republicano, nacido en España casi al mismo tiempo que la doctrina federal, participó en la confección del manifiesto que en 5 de enero de 1869 el Comité nacional del Partido Republicano dirigió contra el Gobierno Provisional. Se pedía en el mismo la República como solución de libertad y justicia. Su compromiso lo confirmó en la votación que en 16 de noviembre de 1870 se realizó en las Cortes para la elección de rey. En ella, junto con los 60 diputados de la minoría federal, votó: «Rey, ninguno. República federal».

El proyecto de Constitución no le satisfizo. Sus artículos en contra del gobierno y en defensa del republicanismo se hicieron cada vez más incendiarios y violentos, por lo que, posteriormente, se le acusó de complicidad en el asesinato del general Prim del año 1870, único valedor y vigía de la restauración monárquica en la persona de Amadeo de Saboya. Roque Barcia fue puesto en libertad al no hallarse cargo alguno en su contra.

Al proclamarse, en el año 1873, la I República española, se convirtió en una de las figuras más destacadas del movimiento federalista y cantonalista. Aglutinó en torno a él a un grupo importante de republicanos intransigentes que promovieron la sublevación federal de Cartagena y que, a la postre, acabó por minar la efímera I República española.

Roque Barcia, actuó profusamente en el movimiento cantonalista, cuyos hilos contribuyó a mover de modo decisivo, el periódico 'El Cantón Murciano' llama a Roque Barcia 'apóstol de la República Democrática Federal'. El éxito del movimiento cantonalista en Cartagena generó un efecto contagio en la región, pero tras la Batalla de Chinchilla el ejército republicano tomó Murcia, disolviendo la Junta Revolucionaria de la capital y del resto de municipios, quedando en pie únicamente el de Cartagena.

Tras el fracaso de las negociaciones, el gobierno dirigido ahora por Emilio Castelar -cuarto presidente de la República- se propuso cercar Cartagena por tierra y mar. Sin embargo, tras un primer encuentro en el mar que acabó en tablas, la flota gubernamental dio media vuelta antes de un segundo encuentro, al toparse con que los efectivos con los que contaba el Cantón eran ampliamente superiores.

Así, el general Ceballos comenzó el bombardeo de la ciudad. Ante la situación, Roque Barcía optó por una solución realmente imaginativa: envió una carta al Presidente de EEUU Ulisses S. Grant pidiendo la anexión del Cantón a la unión. La idea era poder izar la bandera americana para frenar el bombardeo, pero jamás recibió respuesta.

La situación se hizo insostenible, tanto en la República como en Cartagena, y el 3 de enero de 1874 el golpe de estado del General Pavía puso fin al sueño federal y a la República. El 12 de enero Cartagena se rendía. Ese día cerca de quinientas personas pusieron rumbo al exilio a bordo de la fragata Numancia rumbo a Orán.

Roque Barcía no huyo, y cuatro días después publicó en varios periódicos un texto condenando el levantamiento cantonal, asegurando que él había sido prisionero de los rebeldes. Esto le desacreditó para siempre como político y no evitó tener que vivir unos años exiliado en Francia, dedicado a la literatura y retirado definitivamente de la política, tras la Restauración, y volvió a España.

El 18 de enero de 1874 escribía Barcia un manifiesto con el título: 'A los republicanos federales'. Este manifiesto comienza haciendo referencia al nacimiento y bautismo del partido republicano federal al que asistió Barcia y al que por tanto «tiene derecho de aconsejar». Recordemos sus actuaciones como cerebro político, sus llamamientos a la proclamación de autonomía administrativa y económica del municipio, de la provincia y del cantón. Continúa manifestando que aunque «vencidos, tal vez deshonrados, ...no podemos vivir con la mancha de la deshonra». Al preguntarse el por qué del fracaso del levantamiento de Cataluña, de Aragón, de Valencia, contesta que por «falta de hombres», «No tenemos hombres». «Tenemos la masa, tenemos la idea, tenemos demostrada la reforma; pero no tenemos reformistas»

Barcia afirmaba que el simple hecho de decir República, democracia, federación o libertad no era suficiente. Era necesario, afirmaba, que «esas costumbres, esos intereses, esas creencias y esos pensamientos formen sociedad, engendren familia, hagan otro hombre». Para él la federación triunfaría «cuando tengamos el caudal bastante de virtud y de ciencia; o cuando, gastados todos los recursos de nuestro país, agotadas las fuerzas de los demás partidos, arrastrados por la necesidad con su cara de hierro, la sangre de otros hombres o de otras escuelas vengan a enriquecer nuestro cerebro y nuestro corazón».

La figura de Roque Barcia es controvertida. Para unos se trata de un incorruptible e íntegro republicano que no cede en sus posturas. Brillante en su labor como periodista, orador y gramático. Incansable en su lucha y denuncia de los abusos de la Iglesia, la monarquía y la propiedad privada, a las que consideraba las causas principales de la decadencia española.

Su ataque a la Iglesia con términos como: «frailes inmundos constantes y verdaderos enemigos de la humanidad y de todo progreso social», sería también tenaz. A ello se sumaría su otro campo de batalla: la monarquía, con expresiones como: «despotismo borbónico o absolutismo inquisitorial, con su imprescindible Santo Oficio». Este mismo sentido tiene también su artículo Los verdaderos piratas donde se entona un canto a la República federal y se condena a la monarquía como «expulsada, por sus crímenes, de España». Era casi normal que terminaran sus artículos con las exclamaciones: ¡Viva la República federal! ¡Viva la soberanía del pueblo! ¡No más reyes!'

Roque Barcia, como claro reflejo de su época, fue un hombre impulsivo, contradictorio, inconstante, perspicaz, con claros tintes de genialidad en ocasiones y, como todo hombre adelantado a su época, un total incomprendido. Dicen que recibió muchas ofertas económicas y de todo tipo para que cambiase sus posturas y escribiese a favor del gobierno monárquico y que todas fueron rechazadas. 

Falleció el 3 de agosto de 1885 en Madrid.


Labor

Aparte de su actividad política, fue un consumado etimólogo, autor del primer y utilísimo Diccionario General Etimológico de la Lengua Española en cinco volúmenes, así como de un pionero Diccionario de Sinónimos casi tan divulgado como su Catón Político en 1864. Como literato, su obra, consistente en algunos dramas y novelas inspirados en Víctor Hugo y Vittorio Alfieri. Se afirma que Barcia recibió durante su vida unas sesenta excomuniones, casi tantas como José Nakens. En efecto, sus caudalosas lecturas, resumidas en un sincretismo grecooriental y un hegelianismo de impronta krausista, mereció reiteradas veces la condena de la jerarquía eclesiástica, que mandó retirar algunos libros y la acerba crítica del canónigo Manterola y del célebre apologista doctor Mateo Gago.

En cuanto a su pensamiento, era indudable su panteísmo: «El pensamiento de Dios se encarnó en el misterio del universo, en la generación de todos los seres, en la armonía de esa naturaleza que nos asombra». Y en otro lugar: «Dios no es otra cosa que la razón universal, la palabra sublime que se formula en los labios de la gran armonía, así en las flores del campo como en las estrellas de la noche».​ Dos son los grandes conceptos en que simultáneamente culminó su pensamiento filosófico y arrancó su acción política: el progreso indefinido de la humanidad y la libertad del individuo, y sobre ambos la fe, una fe inmensa y desbordante de sí misma, capaz de rozar el infinito y sin que tenga por qué dar razón de sí: «Hay que tener fe, una fe inagotable, poderosa, invencible; una fe absoluta en el porvenir de la humanidad, aunque no veamos ese porvenir y esa fe».​ 

A su sombra el progreso está garantizado, porque para Barcia la unidad de las ideas se funda en la unidad de la esencia; los seres son modificación del ser y las ideas expresiones parciales de la idea, con lo cual la estructuración de la ciencia y la omnímoda presencia del conocer están aseguradas; asimismo, la libertad individual es necesaria para la integración en el todo y la participación en la humanidad contrapunto divino del Dios infinito. Consecuente con este ideario rechazó las estructuras político-sociales a la sazón vigentes, combatiendo la monarquía, la propiedad y el catolicismo, por considerarlos nefastos para el porvenir de España, más sin declararse ateo, adoptando más bien en lo religioso una posición que Menéndez Pelayo ha calificado de un cierto protestantismo liberal.

«No quiero la razón helada de Lutero ni de Calvino... Yo, hijo de Jesucristo, hijo de su Cruz y de su palabra; yo, Jesucristo como creencia y como historia, quiero que la religión que yo adoro abra un juicio a los que se llaman doctores suyos y que sean medidos de los pies a la cabeza por el sentimiento cristiano». Barcia (1855)

Roque Barcia ha pasado a la historia dejando un importante legado lingüístico sin precedentes y, en su faceta más política y rebelde, la continua lucha por sus ideales. Dedicó su vida a hacer historia a enriquecer nuestro léxico, aunque su reconocimiento no haya sido el merecido.



Obra


- Cuestión pontificia (1855)

- Catón político (1856)

- Cartilla política dedicada al ilustrísimo señor doctor D. Pedro Lagüero y Menezo, Obispo de Osma, 1869 

- Dios salve al país!, Dios salve al rey!: manifiesto a los sres. diputados, 1869 

- Diccionario general etimológico (Barcelona: V. Seix, 1880, cinco vols. en cuarto). 

- Diccionario de sinónimos, 1910, edición facsímil en Mexico: Oasis. 1983. 

- Abolición de la pena de muerte. El nuevo Catón. Ejercicios de lectura. Exposición dirigida a las Cortes contra la infame pena del garrote vil. Madrid: Impr. de Minuesa, 1872. 

- Carta al duque de Aosta. Barcelona: López, 1870. 

- Carta sobre el asesinato de D. Juan Prim. Barcelona, 1886. 

- Cartas a Su Santidad Pío Nono, precedidas de una carta que desde el otro mundo envían a S.S. los masones Monti y Togneti. Madrid, 1869. Esta obra fue prohibida por el Obispo de Osma el 9 de abril de 1870. 

- Cartilla política. Madrid, 1869. Obra prohibida por el Obispo de Osma el 16 de julio de 1869. 

- Cartilla religiosa. Madrid, 1869.. 

- Catón político. Con un prólogo de Emilio Castelar. Madrid, 1884; reimpreso en 1856. 

- Confesiones. Madrid, 1872. 

- Conversaciones con el pueblo español. Barcelona: Est. Tipográfico-editorial de Manero, 1869. 

- Cristianismo y progreso. 1861. Edición quemada por el gobierno. 

- Cuestión de Italia. Madrid, 1859. 

- Cuestión Pontificia. 1885, reimmpresa ese mismo año dos veces y en 1868, 1885, 

- Defensa. Mahón: Tip de Fábregas, Hnos., 1871. 

- Dos cartas: Una al Duque de Aosta y otra a su señora, por Carlotta, viuda de Maximiliano. Palma, 1870. 

- El espíritu moderno en el mundo. La Democracia, Madrid, 1865. 

- El Evangelio del pueblo. Madrid, 1885. 

- El Evangelio del pueblo. Madrid: Impr. Galiano, 1868. Contiene: El Feudalismo. No más señoríos. No más esclavitud. 

- El Evangelio del pueblo. Madrid: M. Galiano, 1869. Contiene: Cargas de la justicia. Forma republicana. Veamos lo que hacemos. 

- El Papado ante Jesucristo. Madrid, 1870. La segunda parte se intitula: Otro emplazamiento papal. Madrid, 1870,. 

- El pedestal de la estatua. Madrid: Impr. F. Martínez Gómez, 1864. 

- El testamento de los Reyes. Madrid, 1870. 

- España manifiesta los males que le afectan y propone los medios más expeditos y eficaces para obtener su cura radical. Madrid, 1836. 

- Explicaciones: la libertad. La Democracia, Madrid, 1865. 

- Filosofía del alma humana. Gerona: Grasses, 1856. Reimpreso en Nadrid, 1857. 

- Formación de la lengua española derivada de la formación natural racional e histórica del idioma humano. Madrid: Vda. e Hijos de M. Álvarez, 1872. 

- Fundamentos. Los derechos del hombre y la democracia. La Democracia, Madrid, 1865, 

- Historia de las Germanías de Valencia. Madrid, 1870. 

- Historias (Contra los neos, oligarcas teocráticos). La Democracia, Madrid, 1865.
 
- Historias (El progreso: controversia con «El Pensamiento español»). La Democracia, Madrid, 1865.
 
- Historias. (Contra los neos, acaparadores de la salvación). La Democracia, Madrid, 1865. 

- Historias. (La Libertad controversia con los neos). La Democracia, Madrid, 1865. 

- Historias. (Los neocatólicos son ateos). La Democracia, Madrid, 1865. 

- Historias. (Los neocatólicos, fariseos y teocratas). La Democracia, Madrid, 1865. 

- Historias. (Resumen de cargos contra el neocatolicismo, secta política). La Democracia, Madrid, 1865. 

- Historia. Verdadera y fiel exposición de los principios cristianos contra el falso catolicismo que nos devora. Madrid, 1865. 

- Influencias y protesta neo-católicas. Madrid, 1865. 

- Juan Pérez. Comedia. Madrid: Imprenta José Rodríguez, 1862. 

- La Federación española. Madrid: José María Faquineto, 1869. 

- La influencia neocatólica. La Democracia, Madrid, 1865. 

- La ley natural o el premio y el castigo. Madrid, 1872. 

- La revolución por dentro. Madrid, 1870. 

- La verdad y la burla social. Madrid: Tomás Núñez Amor, 1855. 

- Los moderados: la libertad. La Democracia, Madrid, 1865. 

- Los moderados: la prohibición de la libertad. La Democracia, Madrid, 1865. 

- Manifiesto a la Nación. Madrid, 1870. 

- Poesía al Tajo. Lisboa: Typ. Franco­Portugueza, 1867. 

- Primer diccionario general etimológico de la lengua española, 5 vols., Madrid, 1880-1883. 

- Prólogo del primer Diccionario general etimológico de la lengua castellana. París: Tip. de A. Lahure, 1878. 

- Reto del ciudadano Roque Barcia a D.. Salustiano Olózaga. Madrid, 22 de abril de 1869. 

- Sinónimos castellanos. Edic. póstuma corregida y aumentada considerablemente por su autor. Madrid: José M. Faquineto, 1890.

- Teoría del Infierno y Ley de la vida. Madrid, 1868. 

- Un paseo por París. Retratos al natural. Madrid: Impr. M. Galiano, 1863. 

- ¿Quieres oír pueblo?, o la cabeza de Barba Azul. Madrid, 1872. 

- ¡Dios salve al País! ¡Dios salve al rey! 4ª ed. Madrid, 1869
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