Podemos versus República

El verbo poder da para mucho, más aún si nos metemos en el terreno de la política. En cualquier mitin electoral nunca falta la expresión “nosotros podemos”, el aspirante a líder se integra así en el colectivo electoral, una maniobra hábil que enardece a las masas pero que esconde la realidad de lo que el orador quiere transmitir, que no es otra cosa que: “Si me votáis yo puedo”. Otras veces se quiere referir a su equipo, a su partido, queriendo decir que son capaces de llevar a cabo aquello que sus posibles votantes desean.

Hoy en España una vez que el partido político de turno se hace con el poder poco importa el programa que sirvió para acaparar votos y se gobierna desde la circunstancialidad y desde el electoralismo. Si el partido gobernante logra una mayoría absoluta su impunidad alcanza el mismo rango que su mayoría. Si es una mayoría simple los pactos que mantienen el bipartidismo garantizaran igualmente la ausencia de responsabilidades. Los ciudadanos soportamos, luchamos o nos indignamos desde la falsa sensación de que nada podemos hacer hasta que unas nuevas elecciones nos den la oportunidad de desalojar del gobierno a quien nos ha engañado o a quien es nuestro adversario político e ideológico. Esta postura es desde luego cómoda, pero es la culpable de que las cosas no cambien aunque el cambio adquiera tintes de vital.

Desde 1978 España ha permanecido aletargada ante el comportamiento de la clase política,“mejor que el franquismo cualquier cosa” pensaban algunos mientras se les llenaba, y se les llena, la boca de la palabra democracia, del éxito del cambio de régimen, de estado de bienestar, de estado de derecho y de…..Constitución, sin saber muchos lo que ello significa. La realidad es que hoy ninguno de los pilares democráticos básicos son firmes ni efectivos, ni siquiera el total derecho al voto aunque éste sea meramente consultivo.

Al día de hoy la olla a presión del poder político está a punto de estallar, de saltar en pedazos llevándonos a todos por delante, pero no hacemos lo que sería imprescindible para vaciarla. Los “políticos” de la dictadura nunca fueron corruptos al uso, no les hacía falta, sus prebendas y privilegios eran la compensación por haber invadido España, por mantener la dictadura alejada de cualquier peligro. Los monopolios y la oligarquía funcionaban a la perfección. La censura garantizaba que los españoles permaneciésemos ajenos al enriquecimiento ilícito de toda la cohorte franquista. Hoy los medios de comunicación nos informan a la velocidad de la luz de buena parte de los delitos que nuestros gobernantes, partidos políticos o sindicatos comenten, incluso de los asuntos más que turbios de esa Casa Real que a tantos españoles avergüenza y muchos queremos ver desaparecer, lo sabemos casi todo pero no hacemos nada, podríamos hacer pero no queremos.

Los niveles de corrupción han llegado a ese punto en el que hacen imposible la gobernabilidad del país. Un punto en el que para seguir gobernando ha de echarse mano de una dictadura encubierta, haciendo que la escasa democracia que disfrutamos sea cada día más débil, siempre fue débil pero hoy está incuestionablemente enferma. Una enfermedad que no puede tratarse con placebos, ni siquiera con nuevos medicamentos recién salidos de los laboratorios, es necesaria una cirugía a fondo.

Reconozco que siento admiración y simpatía por “Podemos”, pero la situación de España necesita algo más que una nueva forma de hacer política, algo más que un ajuste por grande que este sea, algo más que la aplicación de la justicia a aquellos que traspasaron sus líneas rojas. De nada vale empezar de nuevo desde 2014, hay que hacerlo desde 1975, hay que hacer ahora lo que no se pudo o no se quiso hacer cuando el dictador, muriendo, nos dio la única gran alegría en más de 40 años.

Participación ciudadana, fraternidad, libertad, justicia, derechos humanos….parece ser el mensaje que transmite la formación de Pablo Iglesias, todo ello fue lo que representó y debe representar la República. Un sistema de Estado en el que, sin ninguna duda, Podemos podría ocupar un gran espacio si mantiene muchos de los principios que hoy esgrime. Un sistema de Estado que de forma inmediata desalojaría de sus sillones a la casta franquista que nos gobierna y a esa socialdemocracia con la que está aliada.

La debilidad política de los dos grandes partidos españoles es cada día más acusada, la corrupción les corroe hasta las entrañas, es ahora el momento para dar el golpe definitivo a la monarquía y al régimen del 78. En aquel entonces se aceptó lo actual como mal menor y el fracaso es evidente, no caigamos otra vez en el mismo error descargando en Podemos el peso de nuestra indignación para que saneen el sistema, no valdría para mucho, lo que hay que hacer es eliminar este sistema por inválido, caduco, corrupto e injusto. 

La gran mayoría de los españoles desconocen lo que significa una república, han sido muchos años de demonización y mentiras. Es imprescindible convencer si queremos una reinstauración democrática de la República y para ello es necesario informar y formar. 

Si Podemos ha llegado a convertirse en segunda o tercera fuerza política en menos de un año ha sido gracias a la comunicación. Se les ha permitido aparecer constantemente en los medios de comunicación y esto ha sido así porque su mensaje no es rupturista, es una formación política que aspira a gobernar dentro del sistema político actual, bien diferente habría sido el trato por ellos recibido si sus propuestas girasen en torno a la eliminación de la monarquía, a la defensa a ultranza del sistema republicano.

Esta facilidad para comunicarse de la que Podemos disfruta y los republicanos carecemos es el gran problema que tenemos para conseguir nuestras aspiraciones. De poco sirven las iniciativas personales o de pequeños colectivos, sería necesario llegar a los grandes medios de comunicación si queremos una mayoría en un futuro referéndum monarquía-república, y no solo en los meses previos a su celebración. La información y la formación a gran escala deberían comenzar ya. De momento y a falta de la atención de grandes medios de comunicación no nos queda otra que seguir con el “boca a boca”, es más lento y trabajoso pero en 1931 dio resultado y a pesar de que las herramientas de comunicación de entonces eran infinitamente inferiores a las que hoy disponemos. A propósito, tampoco vendría nada mal tener a alguien que hablara en nombre de todos los republicanos.

Benito Sacaluga

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