El imperio contraataca

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, compareció en el Congreso el pasado 27 de noviembre para hablar de corrupción, especialmente de la que afecta a su partido, y tras dicha intervención quedó acreditada su incapacidad para hacer frente a la regeneración democrática que está demandando la mayoría social de este país. En primer lugar, porque no asumió responsabilidad política alguna por estar dirigiendo un partido del que se ha demostrado, auto judicial mediante, que ha mantenido durante muchos años una caja b para financiarse irregularmente y que, además, se ha beneficiado de pagos de la trama corrupta de Gürtel. ¿Nos imaginamos en cualquier país del centro-norte de Europa la consecuencia política sobre el líder del partido de Gobierno y primer ministro del mismo de un auto judicial tan contundente como el del juez Ruz? Dimisión inmediata e irrevocable y paso a otro miembro de la formación política para dirigir el partido y el Gobierno de la nación. En segundo lugar, queda acreditada la incapacidad de Rajoy para hacer frente a la corrupción, tras volver a presentar una batería de medidas que llevaban veinte meses ya anunciadas por él mismo en el Congreso, sin que ninguna hubiera entrado en vigor todavía. En tercer lugar, Rajoy no es el indicado para renovar la confianza en la democracia española cuando, veladamente, acusa a la prensa de airear los casos de corrupción, quejándose por ello. Y, en cuarto lugar, es el menos indicado aún cuando, ante la ristra larga de corruptos en su partido, se limita a reiterar que ya pidió perdón por ello.

Tras esta intervención en el Congreso, rápidamente se vino a mi pensamiento la impresión que tendrían que estar sacando en ese momento algunos de los más influyentes mandamases de este país. ¿Era ésa la reacción que se esperaba de un presidente de Gobierno al frente de una nación asolada por la corrupción político-económica y, sobre todo, protagonizada por dirigentes y empresarios afines al partido gobernante? Recordé los últimos años de gobierno de Adolfo Suárez y de Felipe González, y me vinieron a la memoria los conciliábulos y campañas financiero-mediáticas contra ellos cuando el deterioro de su gestión política minaba la credibilidad económica de España. Instintivamente, pensé que Mariano Rajoy, de buena gana, no se presentaría a la reelección por su partido y daría paso, así, a otro dirigente, evitando la deshonrosa dimisión y las incómodas elecciones anticipadas. Y lo haría de buena gana, sí, porque no sería él sino el círculo de poder financiero-empresarial quien le habría empujado a hacerlo, ese mismo círculo de poder efectivo que opera en la sombra y que ya retiró a don Juan Carlos de la Corona y a Rubalcaba del PSOE, por ejemplo. Ese círculo de poder fáctico, al que ha visto las intenciones juveniles el coordinador de IU, Cayo Lara, es quizá quien ha recomendado al Presidente Rajoy el nombramiento de Alfonso Alonso como ministro de Sanidad. Ya tenemos en el Gobierno una cara renovada más joven, un político discreto, un gestor público con buen currículum que da la cara, que no rehúye a la prensa, un dirigente con un talante más abierto, moderado y negociador (ese seny que tanto aprecia Cataluña). Alfonso Alonso sería un buen candidato a suceder a Rajoy, alguien que ha estado alejado de los focos de la corrupción y de las medidas impopulares del Gobierno, aunque haya tenido que defenderlas en estos tres últimos años como portavoz del PP en el Congreso; mejor, eso le daría experiencia para bregarse con el resto de partidos por la herencia que recibirá España de Rajoy. El nuevo ministro de Sanidad accede además a una cartera social a la que pondrá su buena cara, esa que le ha granjeado durante años una de las pocas simpatías que agradece el votante moderado al PP. Alfonso Alonso culmina, así, una trayectoria de gestión pública que le ha llevado de la política municipal, como alcalde de Vitoria, al trabajo parlamentario, como portavoz del PP en el Congreso, y ahora al Gobierno central como ministro, en una recta final idónea para asimilar los intríngulis del poder ejecutivo y estar perfectamente preparado para tomar el relevo de Rajoy, contando con la inestimable ayuda, asesoramiento y colaboración de Soraya Sáenz de Santamaría, una de sus mentoras y protectoras políticas, que seguiría siendo vicepresidenta del Gobierno con Alonso. “Después de un Gobierno duro para la salida de la crisis, un Gobierno menos duro para la recuperación”, habrían pensado algunos mandamases. Esa es mi intuición, que no mi predicción, acentuada por el silencio sobre esta hipótesis de la prensa conservadora más ruidosa.

Y al otro lado del sistema, el imperio reacciona nervioso porque, quizá, se barrunta la jugada del recambio sorpresivo de Rajoy, que pillaría con el pie cambiado al PSOE, de seguir imbuido solo en su renovación interna y en su oposición al PP. De ahí el estrambótico giro violento contra Podemos de los máximos dirigentes socialistas, que han pasado en pocos días del respeto y la tolerancia hacia Podemos a las más virulentas diatribas contra ellos. Parece que el PP ya no es su adversario principal. Ahora, todos los dardos gruesos se dirigen contra Pablo Iglesias y los suyos, aunque dichos dardos pongan de relieve en muchas ocasiones el nerviosismo y la contradicción en que vive el PSOE, la misma contradicción de la que acusan a Podemos.

Así, el secretario de Organización del PSOE, César Luena, en un lenguaje muy cercano al pueblo (¿lenguaje populista?), decía el otro día, refiriéndose a Podemos, que “aunque el populismo extremista se vista de seda, populismo extremista se queda”, olvidando, por ejemplo, que el PSOE ha imitado y hecho suyas, desde las elecciones europeas, algunas de las propuestas y medidas internas de Podemos, como las asambleas populares o las declaraciones éticas de los candidatos; por no hablar de la imparable presencia mediática del líder del PSOE, Pedro Sánchez, en programas de televisión “populares”, para contrarrestar la presencia mediática de los líderes de Podemos. Pero, en el colmo de la contradicción, Luena dijo lo siguiente: “los que son rupturistas y se disfrazan de reformistas no tienen medio pase (…); el PSOE está dispuesto a romper con lo que sea necesario para que se abran paso las reformas (…); pido rigor y coherencia a Podemos”. ¿Y a sí mismo, o al PSOE, no le pide rigor y coherencia? Critica a Podemos por ser rupturista disfrazado de reformista y, a renglón seguido, dice que el PSOE romperá con lo que sea para hacer reformas. ¿En qué quedamos? ¿Es entonces también el PSOE rupturista, ya que reconoce que para hacer reformas hay que romper con lo que sea necesario? Bienvenido a Podemos, entonces, César Luena.

Le anda a la zaga su jefe, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, que igualmente tacha a Podemos de oportunismo ideológico y le exige consistencia política, él que votó en 2011 en el Congreso de los Diputados a favor de la reforma del artículo 135 de la Constitución, defendiendo vehementemente dicha reforma en un artículo de prensa, y ahora, tres años después, pide su contrarreforma. El mismo Pedro Sánchez que ordenó a sus eurodiputados votar en contra de la candidatura de Juncker para la Comisión Europea, contraviniendo el apoyo que previamente había recibido por parte del PSOE, es el mismo Pedro Sánchez que exige consistencia política a Podemos. El líder del PSOE acusa a Podemos de no saber si son de izquierda, centro o derecha, un vaivén al que nos tiene acostumbrados el PSOE desde el mítico Congreso de Suresnes de 1974, siendo desde entonces socialdemócratas, incluso socialistas, en la oposición, y social-liberales en el Gobierno. Dice ahora también Pedro Sánchez que le sorprende que se hable de gran coalición con el PP, él que ha secundado veladamente a Felipe González, Alfonso Guerra o José Bono en sus propuestas de dicha coalición por interés de Estado. Por mucho que lo quieran ocultar, sabemos hace tiempo que el PSOE pactará con el PP un Gobierno central de coalición o un apoyo parlamentario para que uno de los dos grandes partidos gobierne, si es necesario y factible. Es tarde ya para disimular… ya no cuela. Lo ha dicho, claramente además, Pedro Sánchez a los medios: “lo que el PSOE ofrece es un cambio desde la izquierda, pero con seguridad”. ¿Para quién? Para el poder…


FRANCÍ XAVIER MUÑOZ
Diplomado en Humanidades y en Gestión Empresarial
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