La Primera República y las enseñanzas de la historia, por Jesús María Leizaola

La Primera República y las enseñanzas de la historia, por Jesús María Leizaola
Discurso del presidente del Gobierno de Euzkadi en el Exilio, el señor Jesús María Leizaola, durante un acto celebrado el 11 de febrero de 1964, por Acción Republicana Democrática Española (ARDE) en París, conmemorando la gloriosa proclamación de la Primera República Española.   

LA PRIMERA REPÚBLICA Y LAS ENSEÑANZAS DE LA HISTORIA 

La lección de 1873 

Señoras y señores: En el ciclo anual de conmemoraciones republicanas es esta del 11 de febrero la que abre la marcha. Arios atrás, hace bastantea años, acudí yo varias veces a ellas, no con la representación que hoy tengo, sino en el lugar que entonces ocupaba dentro del Gobierno Vasco. Recuerdo allí, por ese barrio de la margen de nuestra izquierda, donde hay mucha concentración de compatriotas, en algún local oscuro, recogido, de sabor valenciano, haber tenido ocasión de reunirme con algunos de los que estáis aquí presentes y alguno quemo se halla aquí. El año pasado, en este mismo edificio, en otro salón, nos reuníamos en otro tono desde luego, pero menos numerosos que hoy, para conmemorar el 14 de abril. Finalmente el ciclo se cierra cada año con la reunión de los parlamentarios que tomaron parte en 1931 en la preparación, en la formación, en la votación de la Constitución de la República, y también a esa reunión he asistido cuando me ha sido posible. 

Yo no esperaba hoy tener que hablar en este acto, pero claro es que a la invitación que se me ha hecho no he podido responder de otra manera que dirigiéndome a vosotros. Aquí, en este menú, veis dos fechas; dos fechas de dos hechos distintos. Una fecha ya un tanto lejana; otra la de hoy. Ambas están unidas por el símbolo de la República. Y por tanto, esto mismo simboliza lo que estamos haciendo, que es unir nuestras inquietudes de hoy con otras inquietudes, con otras esperanzas, con otros albores, con otras experiencias del pasado. Esto da de sí la estructura del discurso. Hay que hablar de aquello y hay que hablar de lo de ahora. De aquello, ¿qué sabemos nosotros? Yo soy de, los mayores en edad —hay otros mayores, desde luego— que podemos tener ideas, alguna idea, más o menos simbólica, más o menos esquemática, de lo que fue el 11 de febrero de 1873 y la República de entonces. Entre nuestros recuerdos habrá quien piense que se estaba en plena guerra carlista. Habrá quien recuerde, por hablar sólo de lo que afecta a nuestro país, el «bomba, bomba la ba». No sé si. sabéis vosotros que el himno de los auxiliares, uno de los himnos populares de Bilbao tiene ese estribillo «bomba, bomba, la ba», recordando el bombardeo que en esos momentos caía sobre Bilbao, bombardeo que ha quedado para la historia definitivamente en las páginas, en los escritos de Unamuno. Yo, como no soy de Bilbao, aunque haya vivido mucho en Bilbao, tengo también unos recuerdos familiares de bombardeo, de bombardeo sobre San Sebastián; es decir, recuerdos de dramatismo, sombríos y pocos llamados a ser traídos a este lugar en esta ocasión, como no sea en lo que tienen de enseñanza. 

Pasando esta hoja, 1873, aquella República trae para mí, os seguiré hablando de lo que en el medio mío viene a la memoria como más descollante, como más relevante de aquellos años, naturalmente no personalmente recordado, sino recogido en una tradición muy próxima, muy inmediata, y es la figura de Pi y Margall. Y ¿por qué? Lo comprenderéis en seguida. Vosotros sabéis en qué medio político me he formado yo. Naturalmente en ese medio político la República de 1873 y sus hombres están representados por un libro que se cita mucho entre nosotros, «Las Nacionalidades», escrito por Pi y Margall. Y ahí no tengo nada que deciros, sino que esa tradición se enlaza fuertemente con mi presencia en este lugar. He aquí, pues, en unas páginas desgajadas de libro de la Historia y correspondientes a la República, a la primera República que conmemoramos hoy y que, sin embargo, están para nosotros llenas de todo, de enseñanzas, enseñanzas negativas en lo que se refiere a la guerra civil; enseñanzas positivas en lo que se refiere a la política de nacionalidades. Y no digo más, sino simplemente dejo esto ahí, en el aire, en vuestra propia conciencia de republicanos y en la nuestra de todos. (Aplausos.) 

1964: La gran tarea: construir entre los que estamos aquí, pero construir con todo aquella que está al otro lada del Pirineo. 

Pero, naturalmente, estamos en 1964. Estamos en la segunda fecha y hay que hablar de ella. Eso es lo que nos rebosa el corazón o, si queréis, no el 11 de febrero, sino lo que viene detrás, lo que viene próximo e inmediato, lo que tenemos que crear, aquello a que tenemos que dar nacimiento, y ahí de nuevo cada uno de nosotros siente en su interior, según su formación, según sus inquietudes, según el medio de dónde procede, según el medio en que está y con el que se mueve, siente visiones diferentes. Visiones diferentes en las que yo, y quienes como yo sienten responsabilidades de Gobierno, se siente la necesidad, la responsabilidad, el llamamiento, la vocación de construir. Construir entre nosotros, los que estamos aquí, pero construir con todo aquello que está allí. Esta es la gran tarea, esta es la gran preocupación y naturalmente lo primero para construir es entenderse sobre lo que se va a hacer, sobre lo que se puede hacer, y lo que se puede hacer y lo que se va a hacer depende de lo que hay en torno a nosotros. Los acontecimientos de tipo político para todos cuantos hemos nacido al sur de los Pirineos y en el mundo, en general, responden primero a lo que se desea, primero a aquello por lo que se lucha y al calor y al esfuerzo que se pone en la lucha. Dependen también de aquellas circunstancias en que se halla aquello engarzado en un mundo general. Y hoy, pues, el mundo general es confuso, oscuro, difícil y cada uno puede ver en él toda serie de perspectivas diferentes. Yo voy a citar un hecho, poco significativo quizás —el tiempo dirá si este acoplamiento, si este acercamiento que hago yo, con hecho del año primero y con hechos de ahora. Me refiero a que una asociación me trae a mí a la memoria el recuerdo del asesinato de Prim, antecedente a considerar forzosamente entre lo que generó ese estado de cosas de 1873, y el asesinato de Kennedy en Dallas.. Antecedente generador, germen o condicionamiento' de cosas que van a venir y que nosotros ignoramos. Pero ahí tenéis dos asesinatos marcando dos épocas: 1873-1964.

¿Qué es nuestra tarea? ¿Qué puedo yo deciros aquí que no tenga carácter partidista, que no tenga carácter parcial y que sea iluminante, luz, claridad para lo que tenemos que hacer en estos momentos y para lo que se nos viene a las manos • desde hoy en adelante. Yo os voy a traer en esta ocasión, os voy a traer a la imaginación algo verdaderamente inesperado para vosotros. Esta mañana, y ayer, pero esta mañana cuando me han llamado diciendo que habría de tomar aquí la palabra, tenía en las manos un libro, al parecer sin relación ninguna con lo que estoy diciendo, pero es un libro hecho por un amigo mío, de mi juventud, y un libro extraordinariamente importante en otro plano que no es el político. Yo estaba leyendo «Sobre la esencia» de Javier Zubiri. Y en ese libro, denso, difícil, difícil para los que no están absolutamente entregados a la filosofía, y yo no lo estoy, pero que por razones de mi amistad con el autor me he propuesto leerlo hasta el final, para lo cual hace falta un esfuerzo de voluntad extraordinario, aparece una idea esencial, esencial — se trata de la esencia, de modo que la palabra viene bien. Esa idea esencial es que la esencia es algo «constructo» — es una palabra que ha inventado, me parece, Zubiri, como otras que aparecen en el libro. «Constructo». La esencia no carece de estructura, tiene estructura. Esta es la idea principal que trata de construir, que trata de establecer en su libro Zubári. Que no se puede prescindir de nada de lo que son elementos de la esencia para tener la esencia de una cosa. Que no consiste en ir quitando hojas como de la alcachofa porque entonces al final se queda en cero, no hay esencia ni nada, no hay alcachofa. Se trata de conservar, de mantener todo lo que allí es indispensable y está relacionado, lo uno con lo otro, para que exista un ser efectivo, pleno, autentico e indiscutible. Pues bien, señores republicanos, hagamos un futuro «constructo» y cada uno de nosotros, a cada uno de vosotros, republicanos, os toca, en esa parte de la construcción, mantener bien firme vuestra propio ser, vuestra propia naturaleza de relación con todos los demás elementos. He aquí lo que para; mí enseña la asociación de estas dos fechas en recuerdos del pasado y en palabras de uno de los más prestigiosos, el más prestigioso en el orden intelectual, de los vascos de hoy. (Grandes aplausos.) 

Equipo de redacción de Eco Republicano


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