Discurso de Manuel Azaña en Valencia el 7 de junio de 1931

Discurso de Manuel Azaña en Valencia el 7 de junio de 1931
Los primeros pasos de la República se aprestaron a elaborar la nueva Constitución republicana y en la convocatoria de elecciones generales. En el mes de junio de 1931 el líder de Acción Republicana, Manuel Azaña, dio un importantísimo mitin en Valencia ante miles de republicanos que le aplaudieron con entusiasmo. Azaña habló de las Constituyentes, de la misión internacional de España y del porvenir de la República. 

El domingo 7 de junio de 1931, en el tren correo llegaron a Valencia el alcalde de Madrid, Pedro Rico; el ministro de la Guerra, Manuel Azaña y el ministro de Estado, Alejandro Lerroux. Todos ellos venían a tomar parte en el mitin de afirmación republicana que se iba a celebrar en la plaza de toros.

Al llegar el tren al depósito de máquinas, los ferroviarios dispararon varias tracas y saludaron a los viajeros con un cartel en el que se daban vivas a la República. Poco después sonaron todas las sirenas de las máquinas, dando al recibimiento un carácter apoteótico. Los andenes estaban atestados de público. Las ovaciones y los vítores con que se ha recibido la presencia de Azaña y Lerroux constituyeron el máximo homenaje que podía tributárseles. En el salón de recepciones de la misma estación fueron recibidos por el alcalde, doctor Trigo; el ex gobernador, Sr. Centeno; el actual gobernador civil, el capitán general y numerosas representaciones oficiales. Desde la estación se trasladaron al Ayuntamiento, entre gran número de banderas republicanas de centros y casinos de la provincia. Don Pedro Rico, desde uno de los balcones, dirigió un saludo al pueblo y terminó con un "¡Viva la República!", entusiásticamente contestado. Con el ministro de la Guerra, señor Azaña, llegó su ayudante don Alfredo Jiménez.

MITIN DE AFIRMACIÓN REPUBLICANA

Las puertas de la plaza de toros se abrieron a las ocho de la mañana, encargándose de toda la organización una Comisión de orden, que dirigía la colocación del público. La aglomeración por los alrededores era extraordinaria, y mucho antes de las diez, hora dada, para el comienzo del acto, la plaza, tanto los palcos, tendidos y gradas como el ruedo, quedó llena por completo. Hubo necesidad de permitir que subieran hasta las banderitas. y así y todo quedó mucha gente fuera de la plaza. 

En uno de los palcos se había colocado un gran cartel con esta inscripción: "Los ferroviarios iniciadores de la revolución española piden cesen en las compañías los agentes militares y la readmisión de los seleccionados. ¡Viva la República!". Sobre la meseta del toril se construyó una gran tribuna, en la que ondeaban las banderas valenciana y republicana. y en cuyo frente se confeccionó un letrero con flores que decía: "¡Viva la República!" La presencia en la tribuna de Carlos Esplá promovió una gran ovación. Esplá requerido por los organizadores se acercó al micrófono, y después de dar las gracias dio un "¡Viva Blasco Ibáñez".

La Comisión organizadora saludó a todas las representaciones que asistían al acto, a los periodistas llegados de varias poblaciones y al jefe de los republicanos de Castellón, Fernando Gasset. Al aparecer los oradores en la tribuna, en unión del alcalde, presidente de la Diputación y demás autoridades, el público, puesto en pie, les ovaciona largamente.

HABLA EL SR. AZAÑA

El Sr. Azaña es largamente ovacionado antes de comenzar su discurso. "Es la primera vez que me presento ante la democracia valenciana, y por ser la vez primera me cumple dirigiros por mi cuenta y en nombre de Acción Republicana un saludo lleno de admiración ante el fervor republicano de que ha sido hogar inextinguible esta capital. La democracia valenciana es para mi un ejemplo vivo del pueblo en acción, modelo y ejemplo para España y de una vitalidad perennemente renovada, y este pueblo laborioso, rico y artista, lejos de adormecerse en el bienestar, halla en estas condiciones medios para reconstruir su personalidad, para permanecer en la brecha en defensa de sus ideales. Si es hora de ensalzar el triunfo revolucionario, es hora también de ensalzar al pueblo que más ha cooperado al triunfo de la República. (Ovación.)

Ese triunfo lo celebramos recapitulando el pasado, examinando el presente y trazando líneas para el porvenir. No debemos caer en el error del juicio sobre esto. Se dice -yo también lo digo- que la República ha venido a España en virtud del sufragio universal y que hemos dado con ello al mundo un ejemplo de capacitación y de civismo. Está bien y es verdad, pero sólo hasta cierto punto. Si ha habido República es porque antes ha habido revolución. En el mes do abril sólo se produjo el fallo del pueblo. Es decir, que la República tiene origen revolucionario, y habrá República mientras se gobierne con espíritu revolucionarlo. De suerte que el deber de los hombres del Gobierno y de los partidos es la permanencia del espíritu revolucionario en el Gobierno para que no quede ni una sola raíz del tumor que hemos extirpado. (Ovación.) 

Los fundadores de la República no han sido los electores; son los actores de la revolución de agosto, son los mártires de Jaca y todos aquellos que han dado su libertad. Sería un crimen olvidarlo. (Ovación.) 

Las elecciones del 12 de abril fueron el juicio en que se falló el proceso revolucionario. Os dice esto un hombre gubernamental de la revolución triunfante. La permanencia del espíritu revolucionario en la República ¿significa desorden, complacencia en los desmanes, en el pillaje, en el tumulto callejero? No. Nada más necesario que el orden y la energía. Es menester que la revolución tonga la responsabilidad plena de sus actos y la decisión de llevarlos hasta el fin. Yo os digo con la responsabilidad que pesa sobre mi y con mi criterio gubernamental que la revolución se vería defraudada si nos limitáramos a expulsar a la familia real. No basta substituir la tiranía borbónica por una oligarquía sin corona. Pero eso no ocurrirá. (Ovación.)

La permanencia del espíritu revolucionario en el Gobierno tiene dos caras; una, la ruptura tajante con el pasado; otra, la reconstrucción del país y del Estado desde sus cimientos. Una oligarquía sin corona, no; jamás. Un pueblo libre, sí. La ruptura con el pasado es lo más urgente, y significa satisfacer el anhelo del pueblo, que quiere cobrarse una deuda de siglos; pero que en sus etapas próximas comienza en 1909, sigue en África y en Jaca. Hay que cobrarla donde esté el que haya de pagarla; si no, se consideraría engañado y seríamos traidores al anhelo popular. (Ovación.) 

¿Cómo se va a hacer esto? Yo estoy oyendo hablar desde los tiempos en que éramos barullo y tendido de sol -aunque ahora también lo seamos y falten localidades para los que quieren estar en él- que hay que castigar a los culpables. Este problema se nos plantea a nosotros, y yo sostengo que este Juicio no puede ser objeto de los tribunales de justicia, porque si nos pusiéramos a confrontar los actos realizados con los códigos facciosos o legales ocurriría que los crímenes cometidos serian ligeramente penados, este asunto hay que llevarlo a las Cortes. 

A esta hora habrá lo menos una docena de estudiosos que estará redactando un texto constitucional. Pues cualquiera que sea, no tendrá más realidad que la que el pueblo quiera darle. A mi juicio, será la mejor Constitución aquella que tenga la menor cantidad de constitución posible. Todo lo regalaría por trescientos diputados decididos a fulminar el rayo de la justicia sobre la cabeza de los culpables, que propongan el castigo del ex Rey luego de estudiada su culpabilidad incuestionable. (Ovación.) 

Esta es para mi la primera parte. La permanencia del espíritu revolucionario la debemos mantener en el Gobierno para que obre la presión del pueblo. Yo admiro mucho a los caudillos y tengo fe en ellos; pero mi fe, sobre todo, está en la masa popular, d la que ha de salir el resorte que permita terminar la obra revolucionaria. 

La segunda cara consiste en la estructura del Estado nuevo, en la creación de un pueblo libre, de un Estado liberal, fenómeno no ocurrido nunca en España. Las luchas liberales del siglo pasado tenían poca importancia. En realidad, la última revolución data do hace cinco siglos. Lo que se pedía entonces en Castilla y en Valencia, en sus luchas con la casa de Austria, es lo que se consigue ahora : el derecho a gobernarse, a dictarnos nuestras leyes, Esto tiene dos formas: la República como figura y el Estado como consagración de las libertades del pueblo. Porque no basta decir República; que ésta puede ser oligarquía o tiranía. El Estado español ha de ser la organización de las libertades municipales y regionales.

La República significará paz en el exterior y paz en el interior, porque España no es un pueblo ambicioso y sólo anhela reconstituirse. No tenemos compromisos bélicos y acabamos de dar un ejemplo al mundo. El primer país que ha entrado por las vías del desarme y ha reducido a la mitad su Ejército es España. Se ha podido hacer así porque el Gobierno se ha inspirado en principios de paz y de justicia y en medidas de tacto y prudencia comprendidas por todos. (Ovación.) 

El desarme es una conclusión de la pesadilla militarista. Este pavoroso problema lo había creado la obra personal del Rey violando sus obligaciones e introduciendo en el Ejército el favoritismo. Pero el Ejército ha dado una prueba de civismo, que han de imitar los demás cuerpos del Estado cuando se reorganicen. (Ovación.) 

La República es la paz interior; pero es a condición del dominio de la República por los partidos. Ahora gobierna un Gabinete provisional de coalición, que tiene sobre sí un inmenso trabajo. Este Gobierno no puede hacer obra de partido. Pero cuando las Cortes voten la Constitución, entonces es llegada la hora de que se, consume aquella obra hasta llegar a los cimientos, arrancando todo lo que estorba y preocupa. 

El caciquismo debe ser triturado. La República debe gobernar con Gobiernos de partido y, sobre todo, no abandonar la enseñanza, sino retenerla en sus manos mediante un profesorado oficial. Al pensamiento español debe dársele una formación orgánica en un Estado laico.

El Gobierno tendrá un medio de acción de efecto irresistible, un medio par a llegar hasta lo más hondo de la conciencia nacional, que es la escuela. Jamás podrá abandonarse la escuela fuera de las manos del Estado. Esta es la acción que habrá que ejercer. España ha sido un país católico; pero la directriz del pensamiento ha dejado de ser católica, y hay que darle una nueva orientación que substituya a aquélla, sacando del pueblo a todos los hombres de inteligencia que por falta de medios no pueden desarrollarse debidamente. Esto lleva consigo la proscripción de la enseñanza para las órdenes religiosas, la separación de la Iglesias y del Estado, la creación del Estado laico, lo mismo en el orden civil que en el de las instituciones públicas. Ya no hay más religión; no hay más que ciudadanos. (Ovación).

Claro es que esta cuestión se arregla mediante leyes, no quemando conventos. Así se envenena. Pero yo me barrunto que aquellos que hablaban antes del desorden y da la confusión, que aquellos que anunciaban el caos y sueñan con él, son los que han contribuido con sus excitaciones a ello. No hace mucho aún decían que se iban a asaltar los bancos, y como esto no ha sido así, los mismos ricos han asaltado los bancos y se han llevado el dinero. Tengo un barrunto, repito de que esos elementos que so llamaban de orden son los que procuran el desorden. (Ovación.) 

Creemos haber cumplido con nuestro deber, y aquí estamos para responder de nuestra obra. La felicidad de este momento nos basta para considerarnos bien pagados de todos nuestros sacrificios y par a sacar el estímulo necesario para la continuación. Yo creo que todos pueden mirar con confianza el porvenir, y que nadie debe sentirse derrotista ni creer las invenciones monárquicas. El Gobierno está asentado en la confianza pública. 

De esta manera debéis ir a las urnas, convencidos de que el país ha de vivir una hora solemne, de que va a ser dueño de sus propios destinos y de que habrá un Parlamento que podrá hacerlo todo. Debéis poner vuestras miras muy alto y, olvidando discordias, votar a los hombres de espíritu revolucionario. De esta manera habremos hecho República, y España podrá ser grande y libre. ¡Viva la República!" 

El entusiasmo con que se acogieron las últimas manifestaciones del Sr. Azaña fue enorme. Durante todo el discurso se le interrumpió frecuentemente con ovaciones calurosas, que al final se desbordaron.

Crónica original publicada en el diario La VOZ de Madrid el 8 de junio de 1931, también contiene algunos extractos breves publicados en el diario ABC, edición de 9 de junio de 1931. La fotografía es de Vidal. 


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