La falta de decencia de la extrema derecha

La falta de decencia de la extrema derecha
Marc Suárez

Desgraciadamente, vemos cómo en la prensa se denota la ausencia de decencia, humanidad y el descaro absoluto de varios dirigentes políticos durante esta última década con una ideología en común. Si bien este hecho se constataba hasta no hace mucho en países distantes del “oasis” al que llamamos Occidente, el auge de la derecha en su más rancia expresión ha hecho que lleguen a nosotros titulares como el del ministro de exteriores italiano, Matteo Salvini, pidiendo que el buque de la ONG catalana Proactiva Open Arms dejase a los refugiados en las Baleares con tal de que tengan diversión. 

Cuando se piensa en políticos y dictadores extremistas con falta de humanidad y empatía, en nuestra esfera occidental, nos llegan recuerdos distantes en el tiempo de los cinco continentes: Benitto Mussolini, Adolf Hitler, Francisco Franco, António Salazar, Hideki Tojo, Pol Pot… Los períodos de tiempo en los que estos extremistas ansiosos de borrar del mapa a quienes les contradigan debieron servir para marcar un punto de inflexión en nuestra más que globalizada cultura, aunque podemos ver que poco se ha logrado de esta forma. No obstante, si vemos el panorama en el que nos encontramos a día de hoy, se puede deducir que se ha aprendido entre poco y nada. 

Aún a sabiendas de lo que provocó la extrema derecha en el ecuador de la primera mitad del Siglo XX, vemos que vuelve a haber un auge de la extrema derecha condicionada por la crisis humanitaria desatada en Oriente, los atentados perpetuados por corrientes fundamentalistas del islam (minoritarias, dicho sea de paso). En el caso del Estado español, vemos que son seis los partidos políticos de extrema derecha que actualmente están en activo. Si bien a nivel nacional no tienen un peso considerable, ya podemos ver que esta extrema derecha está ganando peso en ayuntamientos, diputaciones y algunos parlamentos regionales gracias a la presencia del nuevo soplo de aire fresco para esta ideología en nuestro país que supone VOX. Un partido que rompe con la conciliación entre españoles, que busca la provocación y crispación, crear un enemigo artificial para culpar a este de los males que acarrea un Estado. 

Esto lo vemos también en Francia con el Frente Nacional, en Grecia con Amanecer Dorado, en Italia con la Liga Norte, en Alemania con Alternativa para Alemania, en Austria con el Partido de la Libertad de Austria, en Dinamarca con el Partido Popular Danés… Es de ciegos no querer ver que este auge acarreará cambios que desagradarán a la mayoría social. No es normal que, en estados democráticos europeos como los aquí mencionados (que han sufrido horrores como el fascismo y que todos ellos han sufrido los estragos y las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial), se permita el auge de la misma ideología que condenó al enfrentamiento entre europeos. 

No es normal no sólo por la falta de humanidad y empatía arriba descrita, sino también por la legalidad y el ordenamiento de cada país. Se busca cambiar el país con medidas que son contrarias a la legalidad de este. Véase VOX, con un programa que choca de manera frontal con muchos de los puntos recogidos en la Constitución Española de 1978. La criminalización ejercida por aquellos políticos según la lengua o las lenguas que hablemos, las creencias religiosas, la condición sexual o identidad de género de una persona, su ideología, su etnia o cualquier otra circunstancia individual es reprobable. No es normal que, en un caso como una violación en manada, se criminalice por parte de estos irresponsables faltosos en función de su nacionalidad, como pasa en todo momento. O, si no, recuerden cuando VOX no quiso entrar a condenar la violación de la Manada de Pamplona en 2016 por ser los violadores españoles, pero sí han saltado cuando los integrantes de otras manadas son hombres de otras nacionalidades. Tampoco es normal que asuntos de importancia como la violencia de género, los derechos LGTB y la paridad real de género sean tratados por estos salvapatrias como corrientes tóxicas que buscan sumirnos en una dictadura progre de lo políticamente correcto. Y, recalco: como mismo nos pasa en España, pasa en Italia y en los países donde la extrema derecha cada vez tiene más protagonismo en la vida cotidiana. 

Con un tema tan delicado como lo es la política, aquí no vale un “aquí Paz y después Gloria” con ideologías de semejante calibre. Tampoco vale la reconciliación ni el olvido sobre estos temas. Es hora de actuar con certeza antes de que la condena de repetir nuestra historia por olvidarla se haga efectiva.

MARC SUÁREZ. Estudiante de periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, próximamente por la Universitat Autònoma de Barcelona. Colabora en Eco Republicano desde agosto de 2019. 


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