Sin librepensadores no habrá república

Sin librepensadores no habrá república
Alfonso J. Vázquez

La ya desconocida Mari Jean de la Plateríe fue una defensora de la Revolución francesa, autodidacta llego a ser un influyente miembro del grupo girondino por su elevada cultura. Suya es la frase “Oh, libertad, cuantos crímenes se cometen en tu nombre”; la dijo justo antes de ser guillotinada bajo el período revolucionario del Terror a que criticó. Pero entonces la intolerancia fue el sentimiento irracional que se había apropiado de la revolución. ¡El totalitarismo! 

Qué difícil es ser librepensador. En cambio, que fácil es declararse librepensador cuando sólo se es un vil totalitario. Permítanme una anécdota. Tenía 10 años y estaba en mi primer curso de bachillerato, aún bastante libre de los prejuicios que la educación recibida introduce en nuestras mentes. Recuerdo la denuncia del comunismo hecha por el cura que nos enseñaba Religión en el instituto de Orense, dedicado al ilustrado P. Feijóo. Les acusaba de intolerancia con su partido único comunista porque tenían al Cardenal Mindzensky refugiado en no recuerdo qué embajada por combatir al cristianismo. Un compañero, que tenía el sospechoso nombre de Germinal, levantó la mano y dijo: “pero aquí también hay un partido único: La Falange”. 

El cura era un profesor simpático y por eso le contesto amablemente: “no es lo mismo; el Cardenal Mindszenskyno es un político; sólo predica la religión”. A mí me pareció sospechosa su respuesta. “No es lo mismo” era lo que solían decir lo mayores ¡aunque fuera lo mismo!, para no tener que reconocer la incoherencia de lo que decían. Y tú te callabas; el cuarto mandamiento ordenaba respetar a los mayores en edad, dignidad y gobierno. 

Pero Germinal no se rindió: “aquí también están prohibidas todas las religiones que no sean la católica; o sea. que es lo mismo”. Paternalmente el cura le explicó la diferencia: “es que la religión católica es la verdadera y la verdad no puede tolerar que se difunda el error”. 

Irreductible, Germinal insistió: “pero es que ellos también creen que su religión es la verdadera y por eso prohíben la demás por la misma razón, que su verdad no puede permitir el error de la iglesia católica y por eso también ellos la prohíben”. 

Aquí el cura se puso serio: “La iglesia católica tiene la única verdad”. Nos dimos cuenta de que el diálogo había finalizado; Germinal no insistió. Germinal era el único que sabía todos los nombres de los meses de la revolución francesa; los demás sólo sabíamos el de Brumario cuando Napoleón diera su golpe de Estado. No nos dimos cuenta de lo republicano del nombre. 

Hay muchos que son librepensadores como Franco. Defienden apasionadamente el derecho al librepensamiento, pero se irritan si alguien no piensa lo mismo que ellos; no toleran las ideas, ¡de esos “tipos”! Y si no prohíben su difusión, menos aún su ejercicio, es porque no pueden. Sólo eso les distingue de Franco; el pudo y no solo las prohibió, sino que defendió “a muerte”, nunca mejor dicho, el derecho a pensar libremente lo mismo que él. Para el triunfo de “su librepensamiento” dio un golpe de Estado; al fracasar inició la guerra; la ganó con igual felonía que el antepasado del actual Jefe del Estado -curioso heredero del sucesor de Franco - traer de nuevo a los 100.000 hijos de…. San Luis para acabar con la libertad de los españoles. 

Fernando VII jurara la Constitución de 1812 y dijera la famosa mentira: “caminemos juntos y yo el primero por la senda de la Constitución”. Franco también había jurado lealtad a la república democrática. Le faltó tiempo para traer a los 100.000 hijos de…., del ejército alemán al servicio del nazismo, y del ejército italiano al servicio del fascismo. Así ganó la guerra; la paz la ganáramos todos los españoles el 14 de abril de 1931 con la II República democrática. Ahora en esta “Transición a la Democracia” nos encontramos en un camino que no tiene fin. 

El art. 20.1.a) CE78 declara la libertad de opinión. Se ejerce en las Cortes; cada Diputado puede decir todas las tonterías de que es capaz; algunos son muy capaces. No ocurre en la sociedad. Aunque todas las Asociaciones deben respetar la CE78 todas prohíben la difusión de ideas que no coinciden con la suya; son “librepensadores franquistas” aunque su religión sea otra.Cuando una Asociación privada se atreve a ser Catedral del librepensamiento e irritan. 

Es difícil al que se niega a razona que comprenda que razonar nos hace personas; eso exige razonar; dominar el instinto animal agresivo. Si no hay librepensadores no habrá república.En España no hay librepensadores; si hay totalitarios que no razonan; que “usan la cabeza para embestir”, como dijera el poeta, no para pensar, sea acertadamente o no.¿Pensar?; ¡Quiá!

Alfonso J. Vázquez Vaamonde, Profesor de Investigación del CSIC y abogado, colabora en Eco Republicano desde 2013. 

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