Ruleta Consumista por Rubén Hood

Portada  Aureliano Maldonado


Vivimos en sociedades capitalistas.

¿Qué quiere decir sociedad capitalista?

Grosso modo podríamos definir al capitalismo como un sistema económico y social basado en la propiedad privada de los medios de producción como instrumento para generar una riqueza posterior así como en la libertad de mercado. Según Adam Smith, uno de los economistas y filósofo que sentó las bases del capitalismo, el sistema está regido por un conjunto de leyes que garantizan el progreso económico y social proporcionando el marco perfecto para el desarrollo del individuo. Para Smith, la consideración del propio interés individual, es decir, que todas estas acciones egoístas de cada uno mirando por su propio beneficio están guiadas por una mano invisible que, sin proponérselo, promueve el enriquecimiento de la sociedad en su conjunto.

Este planteamiento se traduce en  que toda nuestra estructura social gira en torno a la maximización del beneficio económico, es decir, todo gira alrededor del dinero. Este se ha convertido en un bien en sí mismo. El capitalismo nos ha hecho creer que tener 3 coches de la marca Audi, 2 casas, y un armario repleto con ropa de marca implica algún grado de autorrealización personal. Tener acceso a artículos materiales de alto valor es sinónimo de progreso, de ser alguien. Ser rico es a lo que se aspira, ascender en la pirámide social dividida en estratos económicos supone, en la praxis, reconocimiento social.

¿Quién no quería aquellas zapatillas Nike cuando era adolescente? ¿Nunca os habéis preguntado el por qué?

La respuesta podemos encontrarla si analizamos nuestro orden social, y sobre todo, debemos prestar especial atención a nuestra estructura económica. Marcas potentes como Nike o Adidas tienen la suficiente capacidad monetaria para manipular nuestros deseos a través de la televisión, o de millonarias campañas publicitarias.

¿Cómo lo hacen?

Estas corporaciones entregan enormes cantidades de dinero a los dueños de los medios de comunicación, acto seguido, estos colocan los productos de dichas compañías directamente en nuestras casas, por medio de la pantalla de nuestros televisores, de nuestros smartphones, en la parada del autobús o en el propio periódico. Dicha publicidad moldea nuestro raciocinio haciéndonos creer que, para ser una persona respetable dentro de este sistema; para ser aceptado por los demás, debes consumir su producto.
Una vez creado el consenso colectivo de que consumiendo tales productos la persona será reconocida dentro de la comunidad, ¿Quién no querrá tenerlos? O, mejor dicho, ¿quién no quiere ser aceptado por los demás?

Nos han instruido desde edades muy tempranas para ser consumidores y productores, nada más. Debes engullir la hamburguesa de Mc Donald, la bebida gaseosa de Coca-Cola, tener un reluciente coche de gama alta, preferiblemente Mercedes, Audi, o BMW, hay que comprar ropa a la moda semanalmente en Zara, H & M o Mango, el perfume Hugo Boss o Coco Chanel, el último IPhone,y así sucesivamente ¿os dais cuenta? Estamos atrapados en esta enorme red llamada sociedad consumista, intentan sustituir nuestros deseos y necesidades como individuos con bienes materiales.

Según la Organización Mundial de la Salud, el consumo de carne roja y de carne procesada están declaradas cancerígenas para los seres humanos. Intereconomía afirma que ‘’Consumir Coca-Cola provoca caries, diabetes y obesidad’’ De acuerdo con 20 Minutos, ‘Los españoles tiran una media de 14 kilos de ropa al año’

No obstante, siempre volvemos a por más hamburguesas, a por más Coca-Cola, el coche a los años lo cambias por otro porque ese ya lo aborrecimos, la ropa nueva deja de serlo a las dos semanas, y así con todo. Todo es efímero, es una satisfacción instantánea, fugaz, es una ilusión creada por las multinacionales a través de los medios de comunicación y spots publicitarios. Nos han creado esa necesidad, nos han convertido en esclavos modernos, por eso siempre volvemos a por más. Es una trampa que nos mantendrá en una ruleta consumista hasta el final de nuestros días si no hacemos nada para evitarlo.


Rubén Hood.



Imagen de portada : Aureliano Maldonado.
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